Antes, de joven, yo hacía esto pertrechado de mis cuadernos de dibujo y de todos los trebejos adecuados para tomar apuntes del natural. Ahora , y en los alrededores de mi barrio, no sé porqué, voy más cómodo con la cámara de fotos. Suelo adoptar esta actitud y emprender estas caminatas sin ninguna idea preconcebida, de la misma manera que asisto a según qué exposiciones sean o no de arte, para ver qué me encuentro, para dejar que los motivos me llamen la tención que la suelo llevar suavemente distraída.
Al salir del Hipnal voy paseando por las proximidades de lo que siempre ha sido en Madrid, la autopista de circunvalación denominada, creo que por el MOPU (ahora Ministerio de Fomento), la M30 y hoy, por ese insaciable deseo apropiacionista del Ayuntamiento, se llama calle30. Cualquiera que transite por estos lugares, deambule por encima de sus pasarelas contemplando la vertiginosa verbena automovilística que allí se celebra a todas horas, puede pensar con cierta perplejidad en la primitiva denominación de esta calzada que respondía al nombre de Avenida de la Paz, o en aquel apasionante circuito de nuestra infancia, el Scalectrix, o en cualquier otra cosa menos en una calle.
Pero son los aledaños de esta vía los que han entretenido mi paseo mañanero y repito que iba a encontrar más que a buscar.
En los muros exteriores de la ya clausurada e histórica piscina Stella que asoma sus blancos perfiles racionalistas a la turbulenta calle30, me encuentro con los habituales grafitis cuyos autores se esfuerzan desde hace tantos años ya, por salir del anonimato escribiendo con llamativos caracteres sus señas de identidad y sus historias dibujadas con fumigadores golpes de spray. Hoy día los grafiteros conocen una dudosa edad de oro que sitúa su trabajo en diversos espacios de arte, show rooms o centros culturales de barrio lo cual desubica sus obras a cambio de dotarlas de una autoría reconocida que no todos valoran como un logro. Creo que los mejores profesionales del spray desean que sus huellas permanezcan en su lugar natural que es el espacio público, más o menos marginal, desafiando toda clase de legislaciones vigentes al respecto. Hay entre estos embadurnadores quien se limita a ensuciar paredes o mamparas sin más objetivo que darle gusto al gatillo disparando sin ton ni son sus torpes rúbricas que no denotan mas que escasez de ideas, hay artistas y hay chafarrineros nostálgicos de imposibles narraciones murales, hay virtuosos del aerosol y redactores de obscenidades de retrete.
Solo hay que echarse a la calle para encontrar también el variopinto universo de la pegatina publicitaria sobre soporte de mobiliario urbano que ,en realidad, es el verdadero motivo de esta entrada : la sorpresa de lo inesperado pegado al poste de una señal de tráfico.
Ante una de estas pegatinas que reproduzco en una de las fotos de abajo(descúbranla) y flanqueada por los habituales anuncios de cerrajeros económicos/servicio 24 horas, sólo se me ocurren preguntas: ¿Qué hace la imagen de ese conocido personaje pegada a un poste de tráfico?, ¿Quién decide colocarla en tan inusual lugar? ¿Anuncia algún servicio de atención especializada? ¿La falta de datos y señas supone gratuidad en las posibles prestaciones?, ¿Nos recuerda la necesidad de leer o releer las obras de este eminente autor? ¿O simplemente, que estamos todos locos?
A quien pueda interesar.

Asomada al balcón sobre la calle30.

¿Es una calle?

Neoexpresionismo narrativo.

Este es moderno, se considera un crak.

¿Qué hace aquí este señor? ¿Ilustra el anuncio del cerrajero asegurando que abre todas las puertas del inconsciente?


Mecánica Popular.Dedicada a su madre que es una santa.

Carente de ideas, no obstante se felicita.










Ambos,delante y detrás de la cámara, preferimos un 

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