Este es un lugar en el que muestro mis trabajos como artista plástico, mis textos y mis opiniones acerca de lo que me llama la atención en una realidad convulsa como la que vivimos.
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sábado, 28 de agosto de 2010
Max Aub. Crímenes Ejemplares
Este es para mí un verano de relecturas, imposible escribir sin leer, aunque mis lecturas sigan siendo tan desordenadas y carentes de método, como de costumbre.
Vuelve de esta manera a caer en mis manos un viejo conocido, Max Aub, Paris 1903, ciudad de México 1972 y de este mismo año es la edición de sus "Crímenes Ejemplares" que de tal manera me sorprendió en aquellos años.
Pensaba dedicar un comentario a este breve compendio de confesiones criminales, muchas de las cuales son de tal actualidad que parecen escritas ahora mismo, cuando las noticias de los asesinatos en México, por ejemplo, vuelcan rios de sangre a diario sobre la bandeja del desayuno o la pantalla del ordenador.
Inútil comentario pues las palabras de Max Aub serán siempre más eficaces que las mías.
Las transcribo entonces, y a continuación las de los asesinos confesos pero digo que nunca como en esta ocasión he comprobado la forzosa renuncia que supone toda elección.
He aquí material de primera mano. Pasó de la boca al papel rozando el oído. Confesiones sin cuento: de plano, de canto, directas, sin más deseos que explicar el arrebato. Recogidas en España, en Francia y en México a través de más de veinte años, no iba- ahora- a aderezarlas : razón de su vulgaridad.(...)
Por otra parte se parecen. ¿A quién extrañará?. Un siciliano, un albanés mata por lo mismo que un dinamarqués, un noruego o un guatemalteco.(...)
*
Hablaba y hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba. Y venga a hablar. Yo soy una mujer de mi casa. Pero aquella criada gorda no hacía más que hablar, y hablar, y hablar. Estuviera yo donde estuviera, venía y empezaba a hablar. Hablaba de todo y de cualquier cosa, lo mismo le daba. ¿Despedirla por eso? Hubiera tenido que pagarle sus tres meses. Además hubiese sido muy capaz de echarme mal de ojo. Hasta en el baño : que si esto, que si aquello, que si lo de más allá. Le metí la toalla en la boca para que se callara. No murió de eso, sino de no hablar : se le reventaron las palabras por dentro.
*
ERRATA
Donde dice :
La maté porque era mía.
Debe decir :
La maté porque no era mía.
*
¡Si el gol esataba hecho! No había mas que empujar el balón, con el portero descolocado...¡ Y lo envió por encima del larguero! ¡ Y aquel gol era decisivo ! Les dábamos en toditita la madre a esos chingones de la Nopalera. Si de la patada que le di se fue al otro mundo, que aprenda allí a chutar como Dios manda.
*
Lo maté porque no pensaba como yo.
*
Me debía ese dinero. Prometíó pagármelo hace dos meses, la semana pasada , ayer. De eso dependía que llevara a Irene a Alicante, sólo ahí podía acostarme con ella. Se lo había prestado para dos días, sólo para dos días...
*
Era imbécil. Le di y expliqué la dirección tres veces, con toda claridad. Era sencillísimo : no tenía sino cruzar la Reforma a la altura de la quinta cuadra. Y las tres veces se embrolló al repetirla. Le hice un plano clarísimo. Se me quedó mirando, interrogante:
- Pos no sé...
Y se alzó de hombros. Había para matarlo. Lo hice. Si lo siento o no, es otro problema.
*
Mire, señor, no vaya a ir en contra de mis ideas. No lo tolero. Yo acepto las suyas : para usted. Se las queda, las mastica, las digiere, las expulsa si a tanto le lleva su gusto. En general, los hombres desde hace un par y pico de siglos creen que son lo mejor de la humanidad. El non plus ultra. O.K. Allá ellos. Yo estoy convencido de lo contrario, de que todos somos unos hijos de la chingada por el hecho mismo de ser hombres. Hace mucho que quedó probado que el hombre ha llegado a domesticar la naturaleza a fuerza de mala leche, ingratitud, instintos asesinos, palos, pedradas. machetazos, tiros, hipocresía, asesinatos a mansalva, imposición de la esclavitud. Cualquier hombre, por el hecho de serlo, es un hijo de puta.
No discuto que otros piensen de manera distinta. Para mí, el imbécil mayor- suizo tuvo que ser- fue Juan Jacobo Rousseau. Con esta ideas, ¿ qué de extraño tiene que yo sea una buena persona. Que matara a don Jesús, no tiene nada de particular : no le debía un céntimo a nadie.
*
De mí no se ríe nadie. Por lo menos ése, ya no.
Si verídicas o literarias acerca de estas confesiones, pueden ustedes pensar lo que les venga en gana. Pero léanlas, todas. Merece la pena
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Literatura ilustrada
viernes, 27 de agosto de 2010
Mirentxu Ugartebide intenta comunicarse con ER
Un momento del diálogo de Mirentxu Ugartebide con ER en la desembocadura del Bidasoa.
(insistimos en la conveniencia de pinchar y ampliar la imagen)
Durante el mes de Septiembre del año de gracia de 1849 la filóloga hondarribiarra Mirentxu Ugartebide Lazkanoiturburu, acompañada por el patrón de la trainera Amalasunta, Peru Txantxangorri Mendaur, salió en busca de ER cuya presencia había sido advertida unos meses antes en la bahía de Txingudi, donde desemboca el rio Bidasoa, con la intención de establecer un intercambio verbal con la bestia.
Procuraba esta científica llegar a concluir un aprendizaje del dialecto retroactivo propio de este ente que era desconocido hasta ese momento en los círculos lingüísticos vascos. Tras varias jornadas de búsqueda infructuosa capeando temporales, mareas vivas propias de esa época del año, y alguna galerna que a punto estuvo de hacer zozobrar la Amalasunta, el ente apareció al fin surgiendo de las pozas que en aquel tiempo bordeaban las marismas del Puntal, en el extremo meridional de la muy noble, la muy leal y la muy siempre fiel ciudad de Fuenterrabía. Su aparición fue tan sorprendente y aterradora como de costumbre y Mirentxu Ugartebide, de ánimo habitualmente entero y arrojado, tuvo que contener a duras penas el espanto y el desasosiego ante el espeluznante espectáculo de la bestia surgiendo de las aguas. Tras unos momentos de vacilación la doctora Ugartebide situándose en la proa de la trainera se dirigió al monstruo.
Aztera kadaz ondo itz-egiten ikasi nai nuke, balbuceando con los temblores propios de tan temible situación lo que en castellano viene a decir, Quisiera aprender a hablar bien la lengua retroactiva.
Como era su costumbre, ER no respondió inmediatamente sino que sumergiéndose varias veces y rodeando la Amalasunta por estribor, surgió otra vez de las profundidades emitiendo luego algunos gorgoteos que llenaron de pavor a Mirentxu Ugartebide y al propio Peru Txantxangorri, arrantzale curtido en muchas campañas pesqueras en el Gran Sol..
Tras unos breves momentos que a la científica le resultaron interminables, los gorgoteos de ER se transformaron en un sonido semejante al de un trombón de varas con sordina, ejecutados a intervalos irregulares y en distintos tonos que sugerían cierto énfasis declamatorio. Quedaron Mirentxu Ugartebide y Peru Txantxangorri muy sorprendidos por esta inesperada y extraña melodía no sabiendo a qué atenerse acerca de lo que parecía una respuesta. Creo que ha dicho,interpretó Mirentxu Ugartebide, Euskeraz ez jakitea damutxo det, y expresa de esta forma su desconocimiento del euskera.
Pues empezamos bien, se lamentó Peru Txantxangorri y corrigiendo inmediatamente, Jarriko zera, poliki poliki, indicando que ya aprendería con el tiempo.
Trazó entonces ER con su enorme masa tubular, un arco sobre la pequeña embarcación al tiempo que producía unos sonidos agudos similares a los del txilibito y cuya melodía recordaba de alguna manera el Titi-biliti, himno de resonancias guerreras propio del lugar. Zer da hori, preguntó Peru Txantxangorri indicando que ignoraba el sentido de tales sonidos
Mirentxu Ugartebide, no sin cierto pudor, interpretó inmediatamente, ikusi dudan neska ederrena zara , zure senarra, txotxolo bat, que se refiere a la hermosura de Mirentxu y a la condición de gilipollas del arrantzale, a quien equivocadamente consideraba su marido. No sentó nada bien a Peru Txantxangorri esta traducción que la filóloga se vió forzada a improvisar pese a lo despectivo del trato hacia el barquero.
A todas estas ER volvió a sumergirse en una poza con un movimiento majestuoso, como un enorme cetáceo.
Mirentxu Ugartebide no pudo evitar una exclamación de asombro, Au ale ederra, gaitza da, indicando la hermosura de la pieza y su tamaño.
Iges egin zun, obsevó Peru Txantxangorri al comprobar que ER se escapaba de nuevo.
Ondo Joan, musitó Mirentxu Ugartebide apenada y deseando que Dios lo acompañara en su viaje.
Pero, súbitamente, ER volvió a surgir de la poza con enorme estruendo y desplazando grandes masas de agua que a punto estuvieron otra vez de echar a pique la Amalasunta al tiempo que, esta vez con voz profunda y bien modulada, preguntó, Zer, txipiroita.
Con emoción apenas contenida, Mirentxu Ugartebide comprendió entonces que ER estaba por fin aprendiendo un euskera coloquial y que únicamente podía producirse tan inmediato fenómeno de autodidáctica en aquellos privilegiados parajes de Euskal Herria, literalmente, País de la lengua vasca, una lengua hermosa y ancestral y en ese marinero lugar fronterizo tan propicio para capturar con anzuelo los más sabrosos chipirones.
(insistimos en la conveniencia de pinchar y ampliar la imagen)
Durante el mes de Septiembre del año de gracia de 1849 la filóloga hondarribiarra Mirentxu Ugartebide Lazkanoiturburu, acompañada por el patrón de la trainera Amalasunta, Peru Txantxangorri Mendaur, salió en busca de ER cuya presencia había sido advertida unos meses antes en la bahía de Txingudi, donde desemboca el rio Bidasoa, con la intención de establecer un intercambio verbal con la bestia.
Procuraba esta científica llegar a concluir un aprendizaje del dialecto retroactivo propio de este ente que era desconocido hasta ese momento en los círculos lingüísticos vascos. Tras varias jornadas de búsqueda infructuosa capeando temporales, mareas vivas propias de esa época del año, y alguna galerna que a punto estuvo de hacer zozobrar la Amalasunta, el ente apareció al fin surgiendo de las pozas que en aquel tiempo bordeaban las marismas del Puntal, en el extremo meridional de la muy noble, la muy leal y la muy siempre fiel ciudad de Fuenterrabía. Su aparición fue tan sorprendente y aterradora como de costumbre y Mirentxu Ugartebide, de ánimo habitualmente entero y arrojado, tuvo que contener a duras penas el espanto y el desasosiego ante el espeluznante espectáculo de la bestia surgiendo de las aguas. Tras unos momentos de vacilación la doctora Ugartebide situándose en la proa de la trainera se dirigió al monstruo.
Aztera kadaz ondo itz-egiten ikasi nai nuke, balbuceando con los temblores propios de tan temible situación lo que en castellano viene a decir, Quisiera aprender a hablar bien la lengua retroactiva.
Como era su costumbre, ER no respondió inmediatamente sino que sumergiéndose varias veces y rodeando la Amalasunta por estribor, surgió otra vez de las profundidades emitiendo luego algunos gorgoteos que llenaron de pavor a Mirentxu Ugartebide y al propio Peru Txantxangorri, arrantzale curtido en muchas campañas pesqueras en el Gran Sol..
Tras unos breves momentos que a la científica le resultaron interminables, los gorgoteos de ER se transformaron en un sonido semejante al de un trombón de varas con sordina, ejecutados a intervalos irregulares y en distintos tonos que sugerían cierto énfasis declamatorio. Quedaron Mirentxu Ugartebide y Peru Txantxangorri muy sorprendidos por esta inesperada y extraña melodía no sabiendo a qué atenerse acerca de lo que parecía una respuesta. Creo que ha dicho,interpretó Mirentxu Ugartebide, Euskeraz ez jakitea damutxo det, y expresa de esta forma su desconocimiento del euskera.
Pues empezamos bien, se lamentó Peru Txantxangorri y corrigiendo inmediatamente, Jarriko zera, poliki poliki, indicando que ya aprendería con el tiempo.
Trazó entonces ER con su enorme masa tubular, un arco sobre la pequeña embarcación al tiempo que producía unos sonidos agudos similares a los del txilibito y cuya melodía recordaba de alguna manera el Titi-biliti, himno de resonancias guerreras propio del lugar. Zer da hori, preguntó Peru Txantxangorri indicando que ignoraba el sentido de tales sonidos
Mirentxu Ugartebide, no sin cierto pudor, interpretó inmediatamente, ikusi dudan neska ederrena zara , zure senarra, txotxolo bat, que se refiere a la hermosura de Mirentxu y a la condición de gilipollas del arrantzale, a quien equivocadamente consideraba su marido. No sentó nada bien a Peru Txantxangorri esta traducción que la filóloga se vió forzada a improvisar pese a lo despectivo del trato hacia el barquero.
A todas estas ER volvió a sumergirse en una poza con un movimiento majestuoso, como un enorme cetáceo.
Mirentxu Ugartebide no pudo evitar una exclamación de asombro, Au ale ederra, gaitza da, indicando la hermosura de la pieza y su tamaño.
Iges egin zun, obsevó Peru Txantxangorri al comprobar que ER se escapaba de nuevo.
Ondo Joan, musitó Mirentxu Ugartebide apenada y deseando que Dios lo acompañara en su viaje.
Pero, súbitamente, ER volvió a surgir de la poza con enorme estruendo y desplazando grandes masas de agua que a punto estuvieron otra vez de echar a pique la Amalasunta al tiempo que, esta vez con voz profunda y bien modulada, preguntó, Zer, txipiroita.
Con emoción apenas contenida, Mirentxu Ugartebide comprendió entonces que ER estaba por fin aprendiendo un euskera coloquial y que únicamente podía producirse tan inmediato fenómeno de autodidáctica en aquellos privilegiados parajes de Euskal Herria, literalmente, País de la lengua vasca, una lengua hermosa y ancestral y en ese marinero lugar fronterizo tan propicio para capturar con anzuelo los más sabrosos chipirones.
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Literatura ilustrada
viernes, 13 de agosto de 2010
Relatos de verano. ER se enfrenta con los dioses
El combate entre Wotan y ER en la confluencia del Rhin y el Nahe.
(se sugiere pinchar sobre la imagen para obtener ampliación y detalles)
Luciano Neroni en el papel de Wotan/Odin
El Efecto Retroactivo, como ente ubicuo, polisémico,sin principio ni fin,sin pies ni cabeza, como imponderable que se cierne sobre la Humanidad, no estuvo nunca dispuesto a tolerar que ninguna clase de divinidad ocupase su lugar a los ojos de cultura humana alguna, por secular que ésta fuera.
Ya desde los tiempos en los que un equipo de hagiógrafos, escribas y algunos fariseos pendolistas, dedicados a I+D+I,se entregaban a la ardua tarea de poner por escrito la historia del género humano por encargo del Señor, ER tuvo algunos enfrentamientos con Yavé-Elohím. ER reprochaba a este dios su tardanza en proveer a La Tierra de arbustos y de campos germinados de hierbas lo que mantenía a este planeta con el aspecto de un erial del que ningún vapor acuoso ascendía a los cielos para bajar luego en forma de lluvia. Tras algunos intercambios verbales, no siempre correctos, con ER y pesaroso por este imperdonable olvido, Yavé- Elhoím se las arregló para plantar un jardín en Edén, al oriente,y allí puso toda clase de árboles hermosos a la vista cuyos frutos eran sabrosos al paladar.(Génesis 2,3).
ER quedó luego satisfecho al comprobar esta obra de Yavé-Elhoím pero nunca llegó a explicarse porqué se le ocurrió a continuación a este dios,la idea de formar un ser al que llamó hombre,con un material como la arcilla, barro colorado de untuosa textura, utilizar una costilla (sic.) de este hombre para fabricar otro ser que fue llamado mujer, instalarlos en aquel hermoso lugar lleno de árboles frutales y expulsarlos luego por el simple hecho de comer manzanas.
No hay mucho que esperar acerca del sentido común de esta divinidad, pensó ER, se comporta de manera incomprensible.
De esta forma sus relaciónes con Yavé-Elhoím nunca fueron demasiado buenas pues las ocurrencias de este Señor con respecto a lo que luego se denominó género humano, siempre se le antojaron arbitrarias y caprichosas.
Sin embargo con Odin, un dios mucho más septentrional y razonable aunque no exento de algunos accesos ocasionales de ira, las cosas empezaron de forma más cordial. El Odin joven que conoció ER no era por aquel entonces el atrabiliario personaje con un solo ojo y armado con lanza y cuchillejas que presentan las mitologías germánica y escandinava sino un atleta de esbeltas proporciones, parejas con el ideal helenístico.
La relación se estableció pues, al principio, de manera muy razonable pues ER vio en Odin a un dios sensato sin la magalómana manía de crear el mundo aunque con el mismo empeño de formar al primer hombre y a la primera mujer a sabiendas de los problemas que su radical incompatibilidad iba a originar a posteriori.
ER estaba, en aquelos días, habituado al trato con los dioses griegos, en especial con Zeus, y con sus hermanos Poseidón, Hades, Hestia, Démeter y Hera que, como buenos hermanos, se habían repartido el mundo. Había estado ER en varias ocasiones en el predio de Zeus en Tesalia donde recibió siempre un trato especial como invitado de excepción y había disfrutado igualmente de la hospitalidad submarina de Poseidón en sus espléndidas instalaciones dedicadas a la talasoterapia sostenible.
Recordando la amabilidad y el espontáneo carácter mediterráneo de estas divinidades, ER empezó, al poco tiempo, a descubrir en Odin algunas manías insoportables tales como pretender que su poder estaba por encima del de todos los demás dioses con lo que éstos debían servirle y obedecerle sin objeciones. Esta cuestión originó una primera y agria discusión al comprobar ER que Odin no estaba dispuesto a ceder un ápice en lo que consideraba sus prerrogativas.
La cosa llegó a mayores cuando este dios, que en su jardín de Asgaard utilizaba tan sólo doce nombres distintos (lo que para un dios nórdico no resultaba excesivo), decidió un buen día ostentar nada menos que quinientos nueve y recitarlos todos en presencia de ER al que exigió silencio absoluto durante tan interminable enumeración. Empezó Odin a autodenominarse Alfardir, Bileygr ( aludiendo a su único ojo), Bruni (de su tez morena), Bölverkr (fabricante de desgracias), Farmagud (encargado de la carga y descarga en los muelles del Valhala), Fengr, Fimbulthur, Fimbultyr, Fjölsvidr, Fraridr, Gautatyr, Geirlödnir,Hangagud (de los colgados), Haptagud (que paraliza los ejércitos) y así varios cientos más hasta llegar a Wotan habiendo agotado la proverbial paciencia de ER.
Nuestro imponderable y ubicuo ente se impuso entonces el sagrado deber de impedir esta divina pedantería enfrentándose en singular combate a Odin/Wotan o como diablos quisiera llamarse en ese momento, y se decidió a desafiar a este ridículo hierofante en la confluencia del Rhin y el Nahe, cerca de Bingen, tal y como está indicado en el dibujo.
La discreción y el deseo de no violentar las mitologías me obligan a silenciar el nombre del vencedor de este ciclópeo combate.
PS. No he podido obtener el la red, pese a la generosa aportación de Google,la vera imagen de Wotan/Odin de manera que ruego queden satisfechos con la de este italiano disfrazado. Es lo que hay.
(se sugiere pinchar sobre la imagen para obtener ampliación y detalles)
Luciano Neroni en el papel de Wotan/Odin
El Efecto Retroactivo, como ente ubicuo, polisémico,sin principio ni fin,sin pies ni cabeza, como imponderable que se cierne sobre la Humanidad, no estuvo nunca dispuesto a tolerar que ninguna clase de divinidad ocupase su lugar a los ojos de cultura humana alguna, por secular que ésta fuera.
Ya desde los tiempos en los que un equipo de hagiógrafos, escribas y algunos fariseos pendolistas, dedicados a I+D+I,se entregaban a la ardua tarea de poner por escrito la historia del género humano por encargo del Señor, ER tuvo algunos enfrentamientos con Yavé-Elohím. ER reprochaba a este dios su tardanza en proveer a La Tierra de arbustos y de campos germinados de hierbas lo que mantenía a este planeta con el aspecto de un erial del que ningún vapor acuoso ascendía a los cielos para bajar luego en forma de lluvia. Tras algunos intercambios verbales, no siempre correctos, con ER y pesaroso por este imperdonable olvido, Yavé- Elhoím se las arregló para plantar un jardín en Edén, al oriente,y allí puso toda clase de árboles hermosos a la vista cuyos frutos eran sabrosos al paladar.(Génesis 2,3).
ER quedó luego satisfecho al comprobar esta obra de Yavé-Elhoím pero nunca llegó a explicarse porqué se le ocurrió a continuación a este dios,la idea de formar un ser al que llamó hombre,con un material como la arcilla, barro colorado de untuosa textura, utilizar una costilla (sic.) de este hombre para fabricar otro ser que fue llamado mujer, instalarlos en aquel hermoso lugar lleno de árboles frutales y expulsarlos luego por el simple hecho de comer manzanas.
No hay mucho que esperar acerca del sentido común de esta divinidad, pensó ER, se comporta de manera incomprensible.
De esta forma sus relaciónes con Yavé-Elhoím nunca fueron demasiado buenas pues las ocurrencias de este Señor con respecto a lo que luego se denominó género humano, siempre se le antojaron arbitrarias y caprichosas.
Sin embargo con Odin, un dios mucho más septentrional y razonable aunque no exento de algunos accesos ocasionales de ira, las cosas empezaron de forma más cordial. El Odin joven que conoció ER no era por aquel entonces el atrabiliario personaje con un solo ojo y armado con lanza y cuchillejas que presentan las mitologías germánica y escandinava sino un atleta de esbeltas proporciones, parejas con el ideal helenístico.
La relación se estableció pues, al principio, de manera muy razonable pues ER vio en Odin a un dios sensato sin la magalómana manía de crear el mundo aunque con el mismo empeño de formar al primer hombre y a la primera mujer a sabiendas de los problemas que su radical incompatibilidad iba a originar a posteriori.
ER estaba, en aquelos días, habituado al trato con los dioses griegos, en especial con Zeus, y con sus hermanos Poseidón, Hades, Hestia, Démeter y Hera que, como buenos hermanos, se habían repartido el mundo. Había estado ER en varias ocasiones en el predio de Zeus en Tesalia donde recibió siempre un trato especial como invitado de excepción y había disfrutado igualmente de la hospitalidad submarina de Poseidón en sus espléndidas instalaciones dedicadas a la talasoterapia sostenible.
Recordando la amabilidad y el espontáneo carácter mediterráneo de estas divinidades, ER empezó, al poco tiempo, a descubrir en Odin algunas manías insoportables tales como pretender que su poder estaba por encima del de todos los demás dioses con lo que éstos debían servirle y obedecerle sin objeciones. Esta cuestión originó una primera y agria discusión al comprobar ER que Odin no estaba dispuesto a ceder un ápice en lo que consideraba sus prerrogativas.
La cosa llegó a mayores cuando este dios, que en su jardín de Asgaard utilizaba tan sólo doce nombres distintos (lo que para un dios nórdico no resultaba excesivo), decidió un buen día ostentar nada menos que quinientos nueve y recitarlos todos en presencia de ER al que exigió silencio absoluto durante tan interminable enumeración. Empezó Odin a autodenominarse Alfardir, Bileygr ( aludiendo a su único ojo), Bruni (de su tez morena), Bölverkr (fabricante de desgracias), Farmagud (encargado de la carga y descarga en los muelles del Valhala), Fengr, Fimbulthur, Fimbultyr, Fjölsvidr, Fraridr, Gautatyr, Geirlödnir,Hangagud (de los colgados), Haptagud (que paraliza los ejércitos) y así varios cientos más hasta llegar a Wotan habiendo agotado la proverbial paciencia de ER.
Nuestro imponderable y ubicuo ente se impuso entonces el sagrado deber de impedir esta divina pedantería enfrentándose en singular combate a Odin/Wotan o como diablos quisiera llamarse en ese momento, y se decidió a desafiar a este ridículo hierofante en la confluencia del Rhin y el Nahe, cerca de Bingen, tal y como está indicado en el dibujo.
La discreción y el deseo de no violentar las mitologías me obligan a silenciar el nombre del vencedor de este ciclópeo combate.
PS. No he podido obtener el la red, pese a la generosa aportación de Google,la vera imagen de Wotan/Odin de manera que ruego queden satisfechos con la de este italiano disfrazado. Es lo que hay.
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Literatura ilustrada
domingo, 8 de agosto de 2010
Lecturas de verano. Dos visiones de la música
El violinista. Gouache y grattage sobre papel estucado.
Nada tan enriquecedor como lo contradictorio y como aquello que nos hace cuestionarnos cosas, sentimientos y deseos. He disfrutado de la música (de cierta clase de música cuyas características no es el momento de especificar) desde mi más temprana edad. Ocasionales lecturas de verano me llevan a enfrentarme a dos de los grandes: Nietzsche y Tolstoi y a leer sus escritos acerca de la música. El primero en el contexto de sus Aforismos y el segundo dentro de la terrible ficción de una novela prohibida en su momento, Sonata a Kreutzer, en la que vuelca sus ideas más extremas. Suena la música, las Variaciones Goldberg de J. S. Bach, por ejemplo, y leo desconcertado los textos de estos dos grandes.
Yo también me llamo Erik Satie, como todo el mundo.
Sin música la vida sería un error.
El oído, órgano del miedo, ha podido desarrollarse con la riqueza con que lo ha hecho, tan sólo en la noche y en la penumbra de cavernas y bosques oscuros, de acuerdo con el modo de vivir de la edad medrosa, es decir, de la edad humana más prolongada que ha habido: en la claridad diurna el oído resulta menos necesario. De ahí el carácter de la música, arte de la noche y de la penumbra.
¿Porqué todos los músicos son malos escritores, sin oído para el ritmo, sin rigor en el acorde de los pensamientos?. La música relaja la capacidad de pensar y afina extraordinariamente el oído.El impreciso simbolizar, el contentarse con eso.
Friedrich Nietzsche. Aforismos.
(....) Estaban tocando la sonata a Kreutzer de Beethoven. ¿Conocen ustedes el primer presto? ¿Lo conocen? exclamó. Ah! ¡Qué terrible cosa esa sonata! ¡Sobre todo ese movimiento!. Y, en general, ¡qué terrible cosa la música!. ¿Qué es exactamente?. No lo sé. ¿Qué es la música? ¿Cuál es su acción?. ¿Y porqué actúa como lo hace?. Se dice que la música actúa de manera que eleva el alma...¡qué estupidez, qué mentira!, hablo por mí, pero de ninguna manera para elevar el alma, ni de forma que la rebaja, sino para exasperarla. ¿Cómo decirles?. La música me obliga a olvidarme de mí, a olvidar mi verdadera condición, me transporta a un estado que no es el mío; bajo la influencia de la música, tengo la impresión de que siento lo que en realidad no siento, que comprendo lo que no comprendo, que puedo lo que no puedo. Explico esto diciendo que la música actúa como el bostezo, como la risa, no tengo sueño pero bostezo viendo a alguien bostezar; no tengo motivo alguno para reír, pero río escuchando reir a alguien.
La música me transporta de golpe, inmediatamente al estado de alma en el que se encontraba el que la escribió. Confundo mi alma con la suya y con él paso de un estado a otro, pero ignoro porqué hago esto.
El hombre que escribió, digamos la sonata a Kreutzer, Beethoven, sabía la razón por la que se encontraba en ese estado que le llevó a ciertos actos, también para él ese estado tiene un significado, para mí ninguno.
Es por eso que la música no hace sino irritar, no infiere. Si por ejemplo tocan una marcha militar, los soldados desfilan a su ritmo y la música alcanza su objetivo; tocan una danza, yo he bailado durante ese tiempo, la música ha alcanzado su objetivo; han cantado misa, he comulgado, la música ha vuelto a conseguir su objetivo; dicho de otro modo no se trata mas que de una sobreexcitación y ¿qué se puede hacer en tal estado?. Nada. Es la razón por la cual la música ejerce una acción tan terrible, tan temible.(...)
Leon Tolstoi. Sonata a Kreutzer.
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miércoles, 28 de julio de 2010
Relatos de verano. El Efecto Retroactivo*

El Efecto Retroactivo sube al Monte Igueldo por el camino más corto.Donostia/San Sebastian, principios del S.XXI.
*La denominación EFECTO RETROACTIVO se refiere aquí a un ente que, además de ser un participio activo del verbo ser, es uno de carácter polisémico,sin principio ni fin, sin pies ni cabeza, ni benéfico ni perjudicial, que viene del presente pero sin embargo obra sobre el pasado o viceversa y que através de ambos tiempos lleva a cabo,habitualmente, románticos paseos.
Se inicia ahora una serie de relatos acerca de las diversas situaciones y presencias históricas y/o contemporáneas en las que este ente ha tenido una presencia activa.
Una tarde de agosto Josu Laskoain decidió empezar,por su cuenta y riesgo, la guren borroka, guerra santa guipuzcoana, y subió al Monte Igueldo en Donostia/San Sebastián para llamar a Dios en busca de la necesaria ratificación divina para su decisión.
Josu sabía muy bien que si uno no mata nadie le toma en serio y una adolescencia excesivamente prolongada, como hijo segundón de una familia donostiarra de envasadores de piparras junto a lo retraído de su carácter, le habían impedido reiteradamente hacerse notar en el batzoki.
Este joven abertzale no tenía, sin embargo,intención de unirse al MNLV (Movimiento de Liberación Nacional) sino que que pensaba llevar acabo la guren borroka de forma autónoma aunque con asistencia divina.
Provisto de un teléfono móvil con el cual,según el folleto de instrucciones, se podía hablar con todo dios,subió al autobús de Venta Berri que le llevó hasta el pie del funicular de Igueldo. En pocos minutos este vetusto ingenio alpino le depositó en la explanada del hermoso mirador desde el cual en días claros se puede ver hasta Biarritz. Y hablar con Dios.
Bien fuera a causa de baja carga de la batería o acaso de falta de cobertura, el caso es que el móvil de Josu no podía comunicar con el Padre Eterno por más intentos que hacía el joven por conectarse. Posiblemente la cantidad de dígitos necesarios para establecer la divina conexión resultaba excesiva para las prestaciones del aparato que, mostrando la interminable serie de números en su pequeña pantalla,preguntaba enloquecido : Dios. ¿Llamar?. Desvío llamada activa...¿Desistir? Seleccionar,Menú, Opciones, Atrás,¿Borrar mensaje?
Dios no contestaba.
Enormemente decepcionado Josu se dirigió al Parque de Atracciones y se embarcó en El Río Misterioso sumido en sombríos pensamientos mientras navegaba en la barquilla sobre la rápida corriente inducida por la noria, en el estrecho canalillo que serpentea sobre la bahía de La Concha.Si Dios no contesta todo me está permitido, se afirmaba Josu,parafraseando a Nietzsche, al tiempo que sacaba de su bolsa de deportes una recortada con dos cañones de 12 mm. y en el momento justo de visualizar el chinchorro delantero donde navegaban dos jubilados del Inserso que en ese momento señalaban con el dedo en dirección al Castillo de la Mota en la cima del Monte Urgull.
¡Se van a enterar los invasores estos! mascullaba enardecido mientras introducía dos cartuchos de perdigones en las oscuras bocas de la recortada.
La repentina llegada del Efecto Retroactivo que se estaba alzando desde la explanada de Los Peines del Viento hasta la terraza de Igueldo, evitó la tragedia golpeando con fuerza sobre la frágil embarcación.
La recortada cayó de las manos del joven abertzale yendo a parar al fondo de las turbias aguas del canalillo.
¡Paren esto, joder! ¡Ostias! ¡Me cago en dios! gritaba desesperado Josu Laskoain pero la imparable corriente del Río Misterioso inducida por la noria seguía arrastrando la barquilla que navegaba impertérrita sobre la maravillosa panorámica de la bahía donostiarra.
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jueves, 29 de abril de 2010
Los Limmericks de un tipo llamado Lear
Declarada en varias ocasiones mi inclinación y mi devota preferencia por Los Raros, quiero recordar, a día de hoy, a uno de los más olvidados raros que en el mundo han sido y cuyo recuerdo viene a mi memoria desde un ayer bastante lejano.
Descubrí a "un tipo llamado Lear" através de la contemplación y absorta lectura de un librito ,VOLUMEN XXVI DE LA COLECCION VISOR DE POESIA, editado por Alberto Corazón allá por el año 1972 y con un suculento prólogo de Leopoldo Maria Panero.
En la creencia de que ninguno de los antedichos me echará en cara la apropiación ,acaso indebida, para este modesto blog de dicho volúmen y alguna de sus ilustraciones, paso a mostrar al eventual y deseado lector las cosas que escribía ese tipo llamado Lear y los dibujos que, de su mano, las acompañaban. Vean, si no les sirve de molestia, un par de ejemplos de los llamados Limmericks.

Les obsequio a ustedes, además, con la traducción del propio Panero.
Había una vez un viejo de negro
Al que un saltamontes se le subió a la espalda;
Y ese chirrido en su oído
eran latidos de pánico
a este viejo de negro y sin ayuda.

La traducción al castellano es tan divertida y absurda que merece igualmente ser transcrita.
Había una vez un señor en España
que simplemente temía al dolor o desgracia
Por consiguiente se sentó en una silla
Con todos sus pies en el aire
Y así siempre este viejo sombrío de España.
Escribe Panero en el prólogo :
Considerado por Ruskin como el mejor, y quizá amante o algo oscuro de Tennyson (pues, en efecto, se encuentran muchos poemas de éste último con la enigmática dedicatoria "a E. L.") más pobre e infeliz que muchos de sus "viejos", Edward Lear sufrió después la misma marginación y entrega a un público infantil que no le entiende, como Carroll y Swift.(...)
(...)Pero al poner en tela de juicio el destino que se ha dado a las obras de Lear, como traicionándole y sin que él interviniera, quizás he obrado un poco superficialmente. Y es que, en efecto,los que como yo, Lear y muchos otros,no tenemos la menor intención de comunicar con ustedes, acabamos por preferir un público de niños o por hablar de animales, duendes y otras cosas que al parecer son propias de la literatura infantil. Y así fue ésta, para Carroll y Lear un exilio, sí,pero que ellos mismos cuidadosamente se buscaron.(...)
Hay docenas de estos Limmerick en el pequeño volumen de la colección Visor y este recuerdo a un olvidado Lear ha sido un deseo de volver a algunas fantásticas, raras y absurdas lecturas de mis años mozos. Un reencuentro con el "rey Lear", no el de Shakespeare, naturalmente si no este tipo llamado Lear, rey destronado del "non-sense" y oscuro poeta, mal nacido en Londres en 1812, que mostró desde niño afición al dibujo, que fue empleado de un parque zoológico, que viajó y publicó un diario de viaje por Italia, por Grecia y por Albania haciendo dibujos como siempre hacían los incansables viajeros y dibujantes británicos de aquel entonces.
Habrá por ahí, porque en la red hay de todo, más información acerca de este individuo.
Por mi parte de pocos personajes he podido nunca sentirme tan cercano.
Lo que digo, Un Raro.

La portada, como todas las de Alberto, anunciaba lo que iba a encontrarse uno en el interior.
Descubrí a "un tipo llamado Lear" através de la contemplación y absorta lectura de un librito ,VOLUMEN XXVI DE LA COLECCION VISOR DE POESIA, editado por Alberto Corazón allá por el año 1972 y con un suculento prólogo de Leopoldo Maria Panero.
En la creencia de que ninguno de los antedichos me echará en cara la apropiación ,acaso indebida, para este modesto blog de dicho volúmen y alguna de sus ilustraciones, paso a mostrar al eventual y deseado lector las cosas que escribía ese tipo llamado Lear y los dibujos que, de su mano, las acompañaban. Vean, si no les sirve de molestia, un par de ejemplos de los llamados Limmericks.

Les obsequio a ustedes, además, con la traducción del propio Panero.
Había una vez un viejo de negro
Al que un saltamontes se le subió a la espalda;
Y ese chirrido en su oído
eran latidos de pánico
a este viejo de negro y sin ayuda.

La traducción al castellano es tan divertida y absurda que merece igualmente ser transcrita.
Había una vez un señor en España
que simplemente temía al dolor o desgracia
Por consiguiente se sentó en una silla
Con todos sus pies en el aire
Y así siempre este viejo sombrío de España.
Escribe Panero en el prólogo :
Considerado por Ruskin como el mejor, y quizá amante o algo oscuro de Tennyson (pues, en efecto, se encuentran muchos poemas de éste último con la enigmática dedicatoria "a E. L.") más pobre e infeliz que muchos de sus "viejos", Edward Lear sufrió después la misma marginación y entrega a un público infantil que no le entiende, como Carroll y Swift.(...)
(...)Pero al poner en tela de juicio el destino que se ha dado a las obras de Lear, como traicionándole y sin que él interviniera, quizás he obrado un poco superficialmente. Y es que, en efecto,los que como yo, Lear y muchos otros,no tenemos la menor intención de comunicar con ustedes, acabamos por preferir un público de niños o por hablar de animales, duendes y otras cosas que al parecer son propias de la literatura infantil. Y así fue ésta, para Carroll y Lear un exilio, sí,pero que ellos mismos cuidadosamente se buscaron.(...)
Hay docenas de estos Limmerick en el pequeño volumen de la colección Visor y este recuerdo a un olvidado Lear ha sido un deseo de volver a algunas fantásticas, raras y absurdas lecturas de mis años mozos. Un reencuentro con el "rey Lear", no el de Shakespeare, naturalmente si no este tipo llamado Lear, rey destronado del "non-sense" y oscuro poeta, mal nacido en Londres en 1812, que mostró desde niño afición al dibujo, que fue empleado de un parque zoológico, que viajó y publicó un diario de viaje por Italia, por Grecia y por Albania haciendo dibujos como siempre hacían los incansables viajeros y dibujantes británicos de aquel entonces.
Habrá por ahí, porque en la red hay de todo, más información acerca de este individuo.
Por mi parte de pocos personajes he podido nunca sentirme tan cercano.
Lo que digo, Un Raro.

La portada, como todas las de Alberto, anunciaba lo que iba a encontrarse uno en el interior.
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miércoles, 24 de marzo de 2010
Ascensión al monte El Corvo. Por Chari Cenzano

PRÓLOGO
De a poquitos, en grupos de años que abarcan una década, más o menos, se va pasando la vida, la mía, tal y como la veo mirando hacia atrás; y dividiendo mentalmente trocitos de tiempo, me barrunto últimamente lo pequeños que serán los grupitos que aún no he vivido si es que por suerte me tocaría vivirlos, que ni sé. Esto me hace recordar a Aquiles y la tortuga de Zenon.
Cada paquetito de minutos, horas y años que forma el conjunto de mis más de 80, tiene alguna efeméride que los señala y distingue y así me hace posible recordarlos y señalarlos por esto o por aquello. El de la ascensión al monte El Corvo, que prometí contarles cuando reuniría las fuerzas necesarias, es el acontecimiento que señala el fin de mis días como senderista solitaria, ya hace un grupito o dos o tres de años pasados. Quiero decir que andaba yo por los cincuenta y tantos.
Y si Enrius, que todo lo puede en este lugar, querría hacer con esto que voy a contar un apartado o entrada autónoma se lo agradeceríamos yo y Alicia, que me corrige todo esto que escribo ahora y que escribiré sucesiva y seguramente, e incluso podría ser que Enrius quisiera ilustrarlo con las imágenes que decidiera le irían bien al relato. Lo haría yo misma de saberlo hacer o de tener fotos de aquello que fue la ascensión y descenso de ese otero al oeste del Monte Cantabria, a la entrada del término municipal logroñés, o sea, a la salida de Álava, que es donde coge la entrada a La Rioja y concretamente a Logroño por esa parte.
Ya he leído en lo de La Flor Azul que O declina la invitación de su hermano para encabezar con dibujos suyos, o lo que sería, éstos que serán mis relatos seriados, es decir: de a pocos. No importa, ni se lo tengo en cuenta, de verdad. No sé si hará otro tal su hermano mayor, al que no le pediría nunca jamás que hiciera nada exprofeso para cada uno de los capítulos, faltaría más, pero como hacía antaño cuando ilustraba en El País, podía encontrar alguno de esos millones de dibujos suyos que le cayera bien a lo que escribiría yo. Pero no hay necesidad de tanto, si mis relatos no se sostienen por sí mismos en nada le favorecerían los buenos trabajos de Enrius (que sabe jugar con la casualidad haciendo que se convierta en consonancia buscada lo que fuera pieza sin norte), incluso podrían rebajarlo a la altura que seguramente merecen, señalándo con el dedo acusador.
Sea como resulte finalmente, iré enviando los 3.000 folios (es broma, no creo que lleguen ni a 10) en los que relato lo que fue aquello de subir y bajar El Corvo, tratando yo entonces de revivir una aventura romántica, artística y literaria, que había leído en mis tiempos de universitaria tardía y habían vivido tantos otros a través del tiempo. Pero las cosas no son por cómo empiezan, sino por cómo acaban. Y ahí, creo yo, está el interés de contarlo y someterlo a sus generosos comentarios hipnalistas.
Considérese pues, esto que digo ahora como un prólogo al relato. En lo sucesivo firmaré mi envío numerando los capítulos. Así, este prólogo continuará en el capítulo 1/1 para terminar en el 3/5.Los nombres que preceden a los capítulos a modo de subtítulo tienen para mi un sentido nemotécnico porque de ese modo, al recordar el acontecimiento en El Corvo, surge la retahíla un poco silogística que encadena los episodios que componen el relato:Modengen,Colmari,Dineonac,Momessi,Dingenas,Phoebi, Malacena,Vilitall,Moratio, Enali y Lavida
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martes, 23 de marzo de 2010
La ascensión al monte El Corvo 1.

Cogito, ergo sum
Capítulo 1/1
Modengen.
En aquellos primeros meses de universidad, mezclados los mayores con los jóvenes, el profesor de Ética, don Eugenio Alba y Dulín, se interesó varias veces por mis conocimientos y por los de los otros tardíos, recomendándonos lecturas concretas para que nos resultara más fácil entender lo que él explicaba, que eran cosas y conceptos que siempre estaban llenos de referencias a autores y libros que generalmente no conocíamos. Aquél otoño del curso 1986/87 me lo pasé leyendo de todo, y perdiéndome muy agobiada en todos los textos que resultaban ser pozos sin fondo; y estando yo así con las cosas muy revueltas me diagnosticaron un brote de agorafobia porque me sentía tan sola y pequeña en la inmensidad insondable que comenzaron a darme pánico los grandes espacios del campus e incluso caminar a la orilla del Ebro si no iba con alguien cogidita del brazo. Tuve pesadillas en las que las nubes del cielo se me derrumbaban sobre la cama y me axfisiaban, o soñaba desesperadamente que me caía al Ebro y que la corriente me arrastraba al centro del río desde el que no se veían las orillas, porque el Ebro parecía la desembocadura del Paraná, de decenas de kilómetros a lo ancho. Cosas así. En todos aquellos sueños yo era pequeña e impotente y siempre me hallaba en el centro de un mundo gigantesco que se movía rápido.
Como era evidente que mi neurosis era consecuencia directa de haber cambiado tan radicalmente de vida y que por ello me tenía que enfrentar a situaciones tan complejas, la forma de afrontarla no fue difícil, aunque resultó muy trabajosa. Aún no conocía a Alicia, porque de haberla conocido sin duda hubiera sido todo mucho más fácil.
Antes de matricularme en la universidad para mayores, aprovechando una oferta de jubilación anticipada, había dejado de forma definitiva mi trabajo de funcionaria en el Cuerpo de Correos y Telégrafos. Acababa de morir mi madre y había heredado algún dinerito y dos pisos hermosos. Así que puse uno en alquiler y vendí el otro. Yo acababa de cumplir los cincuenta y muchos y consideré que podría vivir estupendamente de las rentas y hacer algo que siempre me había gustado mucho, estudiar filosofía.
1/2
Colmari.
En realidad, lo que yo había querido siempre era estudiar algo, casi lo que fuera, por llegar al fondo de alguna cosa, lo que sería. Seguramente era un deseo que se venía de mi secreto agnosticismo impenetrable, tan contradictorio para alguien que, como yo, seguía acudiendo a misa regularmente y respetaba vagamente -siempre de puertas afuera- las pautas que me marcaba mi confesor y director espiritual, el pobre don Luis, coadjutor de la concatedral de La Redonda. Al haberme quedado soltera, cuidando siempre de mi madre (que era como un pajarillo inocente, aunque con muy mal genio), y siendo mi vida tan ordenada o predestinada, los problemas eran sólo problemillas y, los que hubiera los solventaba absolutamente al margen de Los Mandamientos y de las escrituras evangélicas, aunque no tuve nunca que asesinar a nadie, por poner un ejemplo, por más que lo hubiera hecho encantada y sin remordimiento alguno, lo único que me detuvo siempre en las cuestiones pecaminosas fueron las consecuencias que hubiera debido pagar en este mundo, ya que del otro mundo nunca consideré ni siquiera su existencia.
Así que como era mucho más fácil seguir aparentando ser una solterona recalcitrante, buena persona y cumplidora, seguí con mi papel (lo hacía estupendamente y sin darme cuenta) hasta que me asaltó el miedo a todo, no sé si a consecuencia de mis lecturas y nuevas compañías y conocimientos, o es que tenía que ser así, más tarde o más pronto, ya que casi todos nos caemos del caballo al menos una vez en la vida a no ser que la vida se nos acabe de pronto sin que tendríamos el pálpito de que fuera a suceder así.
Recuerdo que el primer escalofrío, seguido de un mareo repentino, frío y calor a un tiempo, y un profundo horror sin motivo, me sobrevino estando sentada en el centro de la hierba, a miles de kilómetros de cualquier cosa o persona, según me pareció cuando arranqué a sudar como una loca, incapaz de levantarme o de moverme siquiera. Cuando me repuse levemente señalé en el libro la frase que de alguna manera me pareció responsable de mi estado y que decía así: Para dar un ejemplo de las diferentes conclusiones que pueden extraerse del mismo material, Cornford adujo en favor de una datación temprana que “ningún escritor posterior podría haber evitado el influjo del mismo Platón y en particular del Timeo”. Para Festugière el extracto evidencia una ordenación del material cuyo “origen es exactamente el Timeo”.
Ahí empezaron los mareos y los miedos a la infinitud del mundo y el espacio. También supe que, mejor antes que después, debería apostatar.

Noscete ipsum
1/3
Dineonac.
La verdad es que, a pesar de ver tan claro que para poder seguir la vida sin chalarme completamente debía romper radicalmente con todo lo religioso que presidía mi mente a machamartillo y con ello los vagos pensamientos de fundamento mítico -aunque estaban en mí de modo más decorativo u ornamental que estructural-, a pesar de estar segura de que para no tener que seguir fingiendo debía comunicar al mundo mi renuncia al bautismo y a la fe en Cristo, lo fui dejando hasta que hace bien poco, ya con Alicia, celebramos por fin una ceremonia civil de la aceptación de la apostasía (tras el mal trago en la parroquia, más que nada por don Luis, que no entendía nada), con ropa nueva para el evento, pasteles y vino. Invité a algunas amigas de las antiguas, pero no vino ninguna, sólo acudió gente de la universidad y algunos otros nuevos amigos.
Pero volviendo al principio: En las navidades de 1986, Urbano Candeño y Koldo Espinosa, especialistas en psiquiatría y psicología respectivamente, me recomendaron una serie de acciones o actividades que ayudarían mi retorno al mundo de los cuerdos, o al menos, de los chalados tranquilos. Entre las acciones físicas que debiera acometer para mejorar mi estado me recomendaron la práctica deportiva, cosa para mí entonces impensable y, entre otras cosas que ahora no recuerdo, me aconsejaron llevar una vida sexual sana y satisfactoria. Y esto sí que me pareció de otro mundo, tanto que con sólo oírselo a Koldo me dieron los siete males de Timeo, con Cornford y Festugière mirando y Platón fisgando y reconviniendo que si esto que si aquello, hablando por boca de ganso, como siempre. Me puse fatal. No es que me importara contar a los cincuenta y tantos cosas sobre mi vida sexual hasta ese momento sin que me diera la risa nerviosa, no era eso (ya tenía la práctica de contarlo en confesionario pormenorizadamente y con un cierto regusto), sino que yo creía que a mi edad lo del sexo no era o debía ser sino un mal recuerdo mal recordado. Aparte de algunas masturbaciones de adolescente, cuya responsabilidad siempre se la endilgué al maligno que gustaba de enredarse entre mis bragas, tuve escasas experiencias -a pesar de que Alicia no se lo puede creer y no se lo cree-, y las olvidaba pronto, según me las confesaba. Tuve un novio fotógrafo, y en las traseras de su estudio me penetró muchas veces, hasta que un día descubrí que no sólo él podía tener un orgasmo, sino que también lo podía tener yo, pero no con él. Mi primer orgasmo brutal fue con un curita vasco que estaba apartado temporalmente de los sacramentos propios de su sacerdocio, por un problema de incontinencia sexual reiterada. Un domingo por la mañana, en la sede de Cáritas Diocesana, en la Avenida de Navarra, me corrí por primera vez, con Saturnino debajo. No sé si esta no es forma de contarlo, pero algo debía decir, aunque sólo fuera de pasada, de mi vida sexual antes de Alicia, cuando yo no sabía que también se podía amar a las mujeres.

Vida cotidiana en el País de Bergegio
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lunes, 22 de marzo de 2010
La Ascensión al monte El Corvo. 2/1

Higiene mental, física y literaria.(..."leer libros que no estuvieran en el programa"...)

Cosas de la edad. (..."Pero, claro todo esto lo hacía siempre en grupo"...)
2/1
Mornessi
Los especialistas Candeño y Espinosa además de lo que ya he referido, me recomendaron un buen número de actividades y prácticas que debía hacer habituales en mi vida cotidiana, entre ellas bañarme durante una hora en sales de magnesio; beber dos litros agua; meditar durante al menos 30 minutos antes de acostarme, sentada en el suelo en una postura concreta que me enseñó Espinosa; no excederme en el consumo de grasas animales, tabaco, dulces, alcohol, picantes, tomate crudo, repostería y frutos secos; pasear una hora diaria sin detenerme; conversar exponiendo mis ideas, defendiéndolas honestamente; leer libros que no estuvieran en el programa académico (Candeño me regaló siete u ocho de Carlos Castaneda; y Koldo Espinosa -de quien fui muy amiga hasta 2004, año en que murió- me recomendó la lectura de Proust, Durrell, Dostoievski, Joyce, Beckett y Virginia Wolf). En fin, yo soy muy cumplidora e hice caso en todo lo que me aconsejaron, además de la ingesta puntual de varios remedios, algunos de los cuales aún tomo.Lo de la vida sexual sana no sabía ni cómo planteármelo,aunque por empezar de alguna manera me compré un consolador vibrador al que llamaba Mornessi en la intimidad.
En lo referente al deporte, después de varios intentos que resultaron muy vergonzantes, porque yo tengo un gran sentido del ridículo, decidí apuntarme a todas las marchas, clubes de senderismo y excursiones que se organizaban en La Rioja. Bueno, a todas no, quiero decir a unas cuantas. Me hice la Valvanerada y varias romerías, entre las que recuerdo especialmente la de Lomos de Orio, porque me cogí un pedo espectacular animada por el santero de la ermita, Luis Vicente Elías, que era un cachondo ilustrado. Pero, claro, todo esto lo hacía siempre en grupo y si me daba el vahído, como le llamaba yo, porque me seguían dando de vez en cuando, me aferraba como una lapa al primero que veía y le contaba mis penas y me llevaban al autobús o llamaban a un taxista. Es decir, que aunque el objetivo se suponía era que me enfrentara al espacio y a mi pequeñez al aire libre, como siempre lo hacía en grupo cuando me sobrevenía la agorafobia me amparaba en el grupo, que enseguida me rodeaba y socorría de tal forma que yo perdía las referencias a la lejanía del horizonte y a la inmensidad vertical del cielo, que era francamente lo que más me aplastaba. Eso de sentir sobre mi coronilla toda la inmensidad del cielo con sus cuerpos celestes, la energía y materia oscura, hasta los mismos bordes del tiempo y el espacio me aplanaba el ánimo hasta el punto de hacerme caer literalmente al suelo, como si sería fulminada.
Koldo y Urbano me recomendaron que tratara de organizarme alguna excursión yo sola, porque la soledad me obligaría a recurrir sólo a mi capacidad de lucha por y conmigo misma. Me auguraron que pronto vencería mis miedos fóbicos a la infinitud si sabía afrontarlo bien. Pero sola, Chari, insistían.
Y ahí fue cuando me puse a leer sobre viajes en solitario, apercibiéndome, además, de que todos los escritores y escritoras que me habían recomendado eran solitarios en grado sumo, como yo misma.
De todas las historias que leí durante el curso 1986/87, la que me emocionó más fue la novela de Dostoievski, Noches blancas. Pero yo no me identificaba con Nastenka, sino con el joven soñador y solitario, que no tenía nombre.

Leer a los clásicos

La historia cultural de Europa (..."Fiodor Dostoievski quien más me impresionó...)
2/2
Dingenas
De todos aquellos autores amigos, Carlos, Marcel, Lawrence, Fiodor, James, Samuel, Virginia, y algunos otros, fue siempre, y aún lo es, Fiodor Dostoievski quien más me impresionó; me gustaba y me emocionaba tanto que empecé a ver pasear por Logroño a los personajes de sus relatos, gente malvada y retorcida, al borde de la muerte y el olvido. Pero este autor no tiene libros de viajes ni excursiones propiamente dichas, por lo que tuve que buscar de otra forma y en otros libros. Me ayudaron mucho en la librería de Gumersindo Cerezo.
Y de esa forma, rebuscando, llegué a Tito Livio, que ya es llegar, que habla de las cosmografías de Pomponio Mela, quien refiere hechos de viajeros de la antigüedad, y entre ellos de un pasaje en el que Filipo II, rey de Macedonia y padre de Alejandro III, asciende al monte Hermo y desde su cima ve dos mares, el Adriático y el Mar Negro. Siguiendo por ahí encontré que además del propio Tito Livio había otros autores que ponían en duda se pudiera ver ambos mares desde la cima del Hermo o Hermón, porque esos autores; y entre ellos el lírico trovador Francesco Petrarca que se inclinaba más por creer que los macedonios en general y los Filipo sucesivos en particular, incluyendo a Megaloalexander, eran muy fantasmones, casi como si serían vascos. En esto estaba yo cuando me dejé engatusar por el provenzal que fue quien, según los historiadores del montañismo, hizo una ascensión al Mont Ventoux como quien va por ir, no por fantasmerías de vasco o macedonio, sin ansia alguna de conquista ni explotación agropecuaria o de lo que sería. Fue por ir, por contemplar. Que aunque es seguro mucha gente antes habría hecho lo mismo no habían considerado de interés contarlo o relatarlo.
Me centré finalmente en la excursión de Petrarca al Monte Ventoso porque consideraba yo que estaba más a mi alcance, siendo que junto a Logroño hay algunos oteros y montecillos que podrían tener las mismas características que el Ventoux, aunque menos altura. Concretamente hay dos muy a mano, el monte Cantabria y el monte El Corvo. Me decidí por El Corvo porque el Cantabria está demasiado cerca, a las puertas de Navarra, mientras que El Corvo está un poco más lejos, a la entrada en Álava. Y dicho así, como lo he expuesto, puede parecer que están a una distancia moderada, pero no; a nada que te vas de Logroño al este, cruzando el Ebro, apareces en Navarra, en el término municipal de Viana, y si te mueves al noroeste te plantas enseguida en el término municipal de Lanciego, que es ya Álava, Euskal Herria, y está lleno de abertzales idénticos (como dice Javier Krahe: idéntico a lo autóctono). Pero me caen mejor los alaveses, son más abiertos, dentro de lo que les cabe.
Camino de perfección. Un viaje iniciático (..."unas botas chiruca...y unos pantalones cortos"...)
2/3
Phoebi
Lucrum omnium, dice un historiador infame y localista que llamaban a Logroño los alaveses y navarros ya desde cuando empezaron a serlo. La verdad es que Vitoria/Gasteiz fue siempre una ciudad muy triste y Pamplona/Iruña muy aburrida, parece que Logroño/Logroño tuvo siempre más movimiento y puterío. Como las tres capitales están bastante cerca las unas de la otra, los vasconavarros más chistularis si querían juerga se venían a Logroño. Dicen. Vaya usted a saber. Lo cierto es que Logroño tiene guasa todo el año, insiste el historidador localista e infame cuyo ídolo es Pepe Blanco, pero que no es Pepiño Blanco el psicosociata, sino otro que cantaba y eso con Carmen Morell.
Yo decidí El Corvo porque estaba como kilómetro y medio más lejos que el monte Cantabria, sólo por eso. El monte es un erial, de escasa vegetación, mal conectado con la ciudad y rodeado de algunas industrias y bodegas que no hacen sino afear el entorno. Cuando le dije a don Luis que planeaba una excursión al monte El Corvo me dijo que ni se me ocurriera porque el lugar era víctima de la incuria. Pero ya hacía mucho tiempo que no le hacía caso y me preparé para el acontecimiento: mi primer senderismo sola. Así que me empapé bien de la ascensión de Petrarca al Ventoso y reuní todo lo que pensé me podía ser de utilidad durante la jornada al provenzal, según cuenta en su reato, no le pareció bien ninguno de sus amigos para acompañarle a tal empresa. Demasiado precavidos unos, tardos, cautos, impulsivos, lóbregos, joviales en exceso, torpes o prudentes por demás el resto. Vaya amigos, pensé. Yo, sin embargo, teniéndolos estupendos, no podía llevármelos conmigo, porque de eso se trataba, de poner a prueba mi fobia a los espacios abiertos o abiertísimos, venciéndola sola, con mi propia voluntad y sin ayudas exógenas.
Me compré unas botas chiruca, qué espanto, y me puse unos pantalones cortos de senderista llenos de bolsillos en los que sólo supe meter tonterías; un chaleco de pescador y una camisa de hilo blanco que se fue arrugando según me la abrochaba. Me peiné un moño muy prieto y me toqué con un sombrerito ridículo de tela vaquera que hasta tenía un bolsillito. Bastón, calcetines gruesos, braga y sujetador de algodón de punto gordo, gafas de sol de pasta oscura y mochila con agua, latas de pijadas, pan, frutos secos, higos. Bueno, todo eso que se lleva, ¿no?
Como les pasa a los niños, la noche anterior no pude pegar ojo.

Otro Mont Ventoux.Sierra de Gredos.Bajando a Lozoya desde Navafría. (..."la ascensión de Petrarca al Ventoso"...)
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sábado, 20 de marzo de 2010
La ascensión al monte El Corvo. y 3

Donde se revela toda la verdad
3/1
Malacena
Seguramente porque la elección de las viandas para la cena no fue la apropiada, y también porque se juntó al estómago incómodo el nerviosismo desbocado, como de chiguita, descansé tan mal y tan poco que cuando se hizo de día me quedé dormida tumbada sobre la colcha de la cama, a medio vestir, se conoce pensé: bueno, una cabezadita no me vendrá mal. Y es que no estaba acostumbrada a no dormir y, claro, a nada que se me relajó el enervamiento me quedé roque y no me desperté hasta bien entrada la mañana. Me sentía confusa y de mal humor, había soñado que Petrarca me reñía y me decía que no me iban a esperar. El caso es que salí a la plaza del Mercado, vestida de esa manera tan ridícula y me encaminé por las escalerillas de los soportales hacia la calle Sagasta, para cruzar el Puente de Hierro y bajar luego por donde han estado toda la vida las huertas del Ebro. Pero entonces todo aquello estaba en obras porque andaban trazando el paseo fluvial que hay ahora. Me desvié por el camino que se dirige hacia la ermita del Cristo, dejando a mis espaldas el Frontón Adarraga y después la ermita y también la presa de La Guillerma (todavía no habían construido el puente nuevo que llaman ahora el Cuarto Puente o de Sagasta) encaminándome hacia la parte sur del Corvo que, a nada que te vas acercando, te das cuenta de lo feo que es. En el relato de Francesco Petrarca resulta todo más bucólico, y dice entre otras muchas bellezas que si …el día establecido partieron de casa, que si llegando a Malaucène, acercándose a la ladera septentrional del Mont Ventoux… pero yo no podía imaginar ni siquiera que El Corvo tuviera parte septentrional alguna. El Corvo no es una mole inaccesible, como el Ventoso, pero tiene una inclinación incómoda, polvorienta y sin interés alguno desde cualquier punto de vista que lo veas.
Dice Petrarca que dijo el poeta: El trabajo ímprobo todo lo vence, aunque no nombra al optimista que esto escribió, porque hay que ser un poco cebollo inconsciente o preuniversitario para quedarse tan pancho afirmando esto que es, a todo los efectos, una fanfarronada macedonia de vasco, de cura vasco, para ser más precisa. Porque bien es sabido que se vencen las cosas a veces sin esfuerzo alguno y, otras veces, por más que te empeñes, nada. Mi empeño era por vencer la agorafobia enfrentándome a ella, aunque no sabía de qué manera habría que hacerlo si aparecía y me tiraba al suelo.
Y allí estaba para ello, por vencerme a mí misma conmigo misma, al pie del monte El Corvo, feo y polvoriento, empotrado en un barro seco que cortaba las gomas de las chiruca como si en lugar de barro serían filos de acero, rodeado el otero de algunas industrias desangeladas, y salpicado allí y allá de rastros de vegetación pobre y grisácea, sin gracia ninguna. Es verdad que a la vista de tanta incuria (recordé lo que había dicho don Luis de aquel lugar), por un momento, pensé volverme a casa.

...a la vista de tanta incuria...
3/2
Vilitall
Pero comencé a subir la primera cuesta, levemente inclinada al principio, siguiendo como senda las huellas dejadas en el barro por los ciclomotoristas que practicaban allí motocross. Se oía a lo lejos el martilleante agudo de los motorcillos en pleno esfuerzo, subiendo y bajando cuestas coronadas por un polvo gris marengo que enseguida se empezó a adherir a mi ropa. En ese momento, por primera vez, utilicé con algún sentido el bastón que hasta entonces no había sido más que un engorro.
Al rato de empezar a caminar me dio un sofoco que me recordaba los sufridos durante la menopausia, pero que no parecía tuviera nada que ver con la agorafobia, por lo que lo dejé estar, aquellos calores estaban vencidos hacía mucho tiempo y no me preocupaban ya nada en absoluto.
Un poco más arriba, tras unos matorrales que parecían de mentira vi a un grupo de jovenzuelos fumando como si les fuera la vida en ello, por lo que deduje que estaban fumando lo que ellos llaman costo, que viene a ser cannabis, más o menos, y que lo hay en presentaciones diferentes (¿sabría don Luis sobre esta práctica en El Corvo?, ¿era a esa incuria a lo que se refería?). Se reían bastante, pero no de mí, que podría haber sido, sino porque los efectos de este fumable euforizante dicen te hacen perder el control de la risa, aunque no tanto ni tan exageradamente como suele sucederles a los primerizos, y estos chavales lo parecían. Esto no lo sé por propia experiencia, sino por lo que contaban Urbano y Koldo sobre el asunto.
Al remontar un recodo que tenía alguna dificultad, más que nada por el barro, oí el estruendo de una moto que se me venía encima, la vi elevarse sobre mi cabeza como un quebrantahuesos, y caer pocos pasos a mi espalda. Los chavales que debían haber visto la escena rompieron a reír aún más fuerte. Qué jodidos. Ahora sí se reían de mí.
Aún con el susto sin salírseme del cuerpo creí ver tras otro de esos matorrales, que parece mentira tuvieran vida alguna, a un hombre tumbado, con los pantalones en las rodillas, pero que bien mirado resultó eran dos hombres en posición invertida, recostados de lado, y uno le succionaba el pene al otro. Lo que se dice un 69 entre varones. Volví la cabeza hacia otra parte, aún me quedaba mucho trecho por caminar cuesta arriba y no era cosa de molestar a nadie. Y a partir de ese momento empecé a cruzarme con varios solitarios paseantes, de aspecto francamente horroroso, que se dedicaban a observar de lejos los arbustos habitados. Deduje eran eso que llaman voyeurs. Tras una roca polvorienta al girar un recodo de los que componen el zigzag de la subida me encontré a uno que se masturbaba mirando hacia una zarza, y lo hacía sin vergüenza o protección alguna, seguramente en la confianza de que otros voyeurs le observaran a él, porque además de mirón debía ser también exhibicionista.
Ahora entendía a qué incuria se refería don Luis.

(...)se masturbaba mirando hacia una zarza(...)
...motodeportistas...3/3
Moratio
Tratando de hurtar la vista de pajilleros, motodeportistas, mirones y de los que le daban al fumeque, me desvié hasta una roca que coronaba un farallón polvoriento. Además, se había echado la tarde y tenía hambre. Desde allí se veían las murallas de Laguardia y, un poco más lejos la Sonsierra, al otro lado del Ebro. El paisaje estaba salpicado de vidueños ya vendimiados, con ese aspecto desolado con el que se quedan las cepas a finales de octubre, antes de la poda. Mientras pelaba una manzana con la única herramienta de la navaja mil usos que he usado en mi vida (¿se habrá cortado alguien alguna vez las uñas con la tijerilla?), saqué de la mochila el relato de Petrarca y anduve repasando sus pasajes y hasta me daba la risa pensando que el poeta hubiera sabido que alguien utilizaría su esmerada carta a un pater (el relato está escrito para un cura amigo suyo) para esta aventurilla de subir hasta la cima de El Corvo. Este monte no sería ni siquiera un hijuelo del Ventoux, uno de esos que Petrarca subió y bajó muchas veces, cruzando hondonadas y vallejos, sin conseguir llegar a la cima hasta que casi había desistido de hacerlo. Al llegar por fin a la cima, Petrarca se entrega a la reflexión moral metafórica y, privado de sentido, contempla la creación e imagina el entorno bajo sus pies y las nubes: Si no he escatimado tal sudor y esfuerzo para que mi cuerpo estuviera más acerca del cielo, ¿qué cruz, qué prisión, qué suplicio debería espantar al alma cuando está acercándose a Dios, inflamada y a punto de conquistar la cima de la gloria y el destino humano?... ¿Cuántos habrá que no se aparten de este sendero ya por temor a las dificultades, ya por deseo de comodidades?...
Casi me vino el deseo de gritar aquello que leía, pero me retuvo el hecho de que todos mis compañeros de ascensión o recreo eran hombres, y mal encarados. Volví la vista hacia abajo y los vi afanándose cada uno en lo suyo, resaltándose por la pendiente sus cuerpos contra el paisaje logroñés, cortado por el foso del río en el que se reflejaba la luz de la tarde. Mirando hacia arriba vi que no me quedaba mucho para llegar a la cima y que la agorafobia no se presentaba e incluso los calores postmenopáusicos habían desaparecido. Por lo que decidí seguir aunque sólo fuera por decir que llegué hasta el final. Me animó también el hecho de que los paseantes no llegaban tan lejos y que los motoristas habían dejado de deslizarse por las pendientes. Subí despacio y al llegar a la planicie que constituye la cima del El Corvo vi al fondo a un muchacho que lloraba desconsoladamente, con los pies colgando hacia el abismo y se me encogió el corazón y enseguida se me expandió hasta ocupar todo el pecho, todo ello en una fracción de segundo. Me senté a unos metros a su espalda considerando la posibilidad de dirigirme a él, por si le podía ayudar en algo.
Desde donde yo estaba, a unos veinte o treinta metros, le veía de cintura para arriba, enmarcado por el impresionante León Dormido, azul y vigilante, que entraba poco a poco en las sombras de la tarde.

...también le vi el culo...
3/4
Enali
Así estuve un buen rato, viendo cómo se estremecía la espalda de aquel joven de pelo corto, hombros estrechos y cuerpo liviano, aunque bien mirado no parecía tan joven, desde mis cincuenta y tantos podía calcular que no llegaría quizá a los cuarenta. Se fue calmando y al poco se levantó despacio… y fue entonces cuando me di cuenta de que llevaba falda, una de esas faldas hippies, como vaquera. Se sacudió la tierrilla de las piernas y el culo con rabia y también con mucha gracia, como si quisiera asegurarse de que no quedaran restos de su estancia en aquel lugar. Por un momento consideré si sería un travestido, dado el ambiente del monte, pero no, era una mujer de unos cuarenta años, menuda y guapa.
Y entonces me vio ella y se dirigió hacia mí con mucha decisión. Me preguntó (una voz preciosa) con cara de pocos amigos si llevaba mucho tiempo ahí. Le dije que no mucho y le pregunté por su disgusto. Sin contestarme volvió al lugar en el que había estado sentada y comenzó a descender por un camino empinado e incómodo. Fui tras ella advirtiéndole de que el camino de vuelta por la otra parte era más fácil y menos peligroso. Pero como no me hacía caso la seguí con mucho esfuerzo hasta alcanzarla en un recodillo. Y entonces se echó a llorar de nuevo y muy escandalosamente. Se dejó caer al suelo y yo me senté a su lado sin saber qué hacer. Lloraba y protestaba sobre lo injusto que es el mundo, y sobre cosas inconexas que yo no conseguía hilar, y de pronto se puso a patalear tumbada todo lo larga que era sobre la tierra.
Desde allí el paisaje era mucho más bonito y se empezaban a ver los puñaditos de luces de Lanciego y Oyón, y más lejos los de Viana y otros aún más lejos. Hice algunos comentarios sobre esto y ella me gritó que me fuera y me daba pataditas, más que nada porque pataleaba y porque yo estaba muy cerca. La falda se le abrió por la abotonadura frontal como si fuera la concha de un muergo que saca sus tentáculos al aire y vi sus piernas hasta cintura, y como los tentáculos hacían aspavientos también le vi el culo, con la braga que se le hundía en la separación de las nalgas y cuando se volvía se veía que la braga se acintaba también sobre el sexo mostrando a ambos lados una pelambrera hirsuta, probablemente afeitada o recortada.
Otra vez volvió a encogerse y expandirse mi corazón, pero ahora se aceleraba por momentos. La agorafobia, pensé, y lo dije en voz alta. Me va a dar la agorafobia. No sé qué es lo que entendió, pero se calló inmediatamente. Eres una escandalosa insufrible, ¿sabes?, dije después de un rato.
La tarde estaba llegando a su fin y ya asomaba la noche sobre El Corvo. Comencé a hablar en voz baja, contándole el por qué de subir allí, y le leí un pasaje de la Ascensión al Mont Ventoux de Petrarca: Y fueron los hombres a admirar las cumbres de las montañas y el flujo enorme de los mares y los anchos cauces de los ríos y la inmensidad del océano y la órbita de las estrellas y olvidaron mirarse a sí mismos… Y luego continué hablándole de mis miedos al infinito vertical, mis estudios en la universidad para mayores. Ella seguía tumbada, escondida la cabeza entre los brazos, y yo no podía quitar mis ojos de sus piernas de muergo.

...Ella seguía tumbada, escondida la cabeza entre los brazos...

Roter Adler
y 3/5
Lavida
Así estuvimos mucho tiempo, se hizo la noche y se abrieron los capullos de las estrellas en el cielo. Pensé -no soy una inconsciente y pensé en todo-, si no estaría con una loca o una buscona que subía a El Covo en busca de aventuras. Pero su voz era pausada cuando no lloraba, inspiraba confianza y me dijo, saltando y suspirando sobre su relato de una parte a otra sin orden alguno, como si sería una chavalilla, que acababa de vivir el peor día de su vida, hasta que había aparecido yo, como caída del cielo. Y dije yo que precisamente eso era lo que trataba de evitar, caerme del cielo, de la inmensidad de la vida, del miedo de mis ideas a la realidad de mis acciones y casi sin darme cuenta me encontré frente a sus labios y a su olor a tomillo y cuando empezó a desabrocharme el ridículo pantalón me di cuenta horrorizada de que mi sexo era por demás exuberante y que nunca me había rasurado las ingles y se lo dije, y se rió de mis bragas de sargento mientras me las bajaba hasta los tobillos, y en ese momento me sentí enamorada por primera vez en la vida. Y yo no soy de las que para follar han de sentirse enamoradas.
Hicimos el amor en todas las posturas imaginables, ni siquiera con Saturnino Uzqueta, el curita que sufrió el ostracismo en Logroño en los años cincuenta -y que a mis ojos fue el hombre más completo que he conocido-, ni siquiera con él reunidas las ocasiones que estuvimos juntos me corrí tantas veces, ni con tanta ilusión e inocencia. Vistas desde lejos, en aquél recodo del farallón al norte de El Corvo, representamos varias veces la postura que había visto durante el día tras las zarzas polvorientas, aunque ahora las invertidas eran mujeres, y una se orientaba de pies hacia el norte y la otra hacia el sur, recostadas de lado, dando el culo de una hacia Navarra y el de la otra hacia Álava, y no me hubiera importado que me miraran los riojanos alaveses, los riojanos navarros o los riojanos logroñeses porque, desde luego, no me hubiera detenido sino la policía.
Pensé con pena en don Luis, pena por él y por todo lo que la vida le había quitado, y en la incuria del monte El Corvo. Aunque hacía frío yo tenía calor y los quejidos de aquella mujer me volvían loca, literalmente loca. Y pensaba como a fogonazos en lo que les contaría a Koldo y a Urbano, y en la tristeza de mi soledad y en Mornessi y las campanadas de media noche tumbada en mi cama de la plaza del Mercado, esperando que llegara el sueño o el día.
No quisimos saber la hora cuando volvimos a bajar el monte por el lado que lo había subido yo. Yo sabía que mis días de senderismo solitario habían acabado y que quería seguir conociendo a esta mujer en su casa o en la mía, y cenar con ella, y desayunar mañana y todos los días siguientes de mi vida que, seguramente, sería más corta que la suya.
Descendiendo (dadas las dimensiones de El Corvo sería más justo decir: bajando) aún nos cruzamos con paseantes noctámbulos con linternas, pero ya no me importaba nada. Y por lo que sé ahora, a Alicia tampoco.
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miércoles, 8 de abril de 2009
Una hermosa riojana (circa 1940)

Atendiendo a la solicitud de Alicia, que reconoce haber actuado con maldad en su relato de los amoríos juveniles de Doña Chari, queda de esta manera retirada su narración pues, a decir de la propia autora, no se corresponde con la verdad de los hechos.
Los comentarios subsiguientes que al ser suprimida la entrada carecen de sentido, serán igualmente suprimidos.
No quisiera que ninguno de los comentaristas interpretara estas desapariciones como un acto de censura si no más bien como lo que son, un desagravio solicitado y aceptado en pro del buen nombre de nuestra muy querida riojana. Mantengo , como es natural, los dos últimos comentarios de Ali quedando, de este modo, testimonio de su solicitud.
Para completar esta entrada he decidido recurrir a un poeta admirable que alguno de nuestros amables corresponsales conocerá, sin duda.
Yo me voy a permitir dedicárselo a Doña Chari, en su mejoría y a Alicia. Ea.
Una mujer desnuda y en lo oscuro
tiene una claridad que nos alumbra
de modo que si ocurre un desconsuelo
un apagón o una noche sin luna
es conveniente y hasta imprescindible
tener a mano una mujer desnuda.
Una mujer desnuda y en lo oscuro
genera un resplandor que da confianza
entonces dominguea el almanaque,
vibran en su rincón las telarañas,
y los ojos felices y felinos
miran y de mirar nunca se cansan.
Una mujer desnuda y en lo oscuro
es una vocación para las manos,
para los labios es casi un destino
y para el corazón un despilfarro.
Una mujer desnuda es un enigma
y siempre es una fiesta descifrarlo.
Una mujer desnuda y en lo oscuro
genera una luz propia y nos enciende,
el cielo raso se convierte en cielo
y es una gloria no ser inocente.
Una mujer querida o vislumbrada
desbarata por una vez la muerte.
Mario Benedetti, Inventario II, 1993
Pocas cosas tan seductoras como ésta para aprender a manejar las palabras de nuestra lengua.
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domingo, 5 de abril de 2009
¡Cuidado señorita,nos estrellamos!

TÉRMINOS.La visita inesperada.Acrílica sobre lienzo.81 x 65 cms. 1999
8 de Noviembre.
Desde el borde de la playa donde la arena parece trepar sobre el muro de piedra del malecón, se puede observar cómo la línea del horizonte se curva limitando la bóveda del cielo que absorbe la luz reflejada en el mar. La atmósfera se endurece sobre los límites de este lugar de silencio dibujando la silueta de una frontera atlántica, telón de fondo de un escenario de soledad. Marea baja. El id aparece entre las rocas que brotan del suelo húmedo mostrando su parte consciente donde actúan la razón, la lógica, el desconsuelo ante el lamentable aspecto de la realidad y la autosatisfacción más benevolente.
Condiciones para la aparición del id con la marea baja:
1. Ánimo resuelto
2. Decisión inquebrantable
3. Equilibrio entre la razón pura y la especulación intencionada
4. Buena presencia
5. Ausencia suficiente
Llega una joven dispuesta y pregunta por la hora exacta en la que ha de volver a aparecer el id. Nadie es capaz de contestar. Detrás de las rocas surgen dos siluetas que se aproximan lentamente. Son M. y J. y cargan con dificultad un ataúd con doble fondo. Agobiados por el peso de este féretro, piden ayuda. Nadie contesta.
La joven dispuesta vuelve la vista hacia los porteadores y promete su ayuda a cambio de información. Quiere saber la hora exacta en la que ha de producirse la nueva aparición del id. M. Y J. advierten a la joven dispuesta:
¡Cuidado señorita, nos estrellamos!
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Neobarroco

Neobarroco.Acrílica sobre tabla. 81 x 122 cms. 2000
Pleno verano en la ciudad, es ahora cuando la memoria resulta más vulnerable a los despiadados ataques de la nostalgia. Otros veranos, la playa, imágenes neblinosas de la infancia, eterna Arcadia feliz, que vuelve regularmente todos los años. Peligro. En mi poder, sin embargo, un arma poderosa y de gran efectividad: el presente, lleno de problemas, duro de vivir, carga cotidiana de realidad contra los peligrosos estragos que causa la melancolía. Aunque hay quien asegura que la única realidad es el pasado.
Ante esta delicada situación yo suelo pasear por los desguaces lo que me proporciona un sentimiento sereno y reflexivo de una gran plasticidad.
Por la mañana he sentido la brisa marina en un desguace de San Fernando de Henares. Ha sido un día claro y fresco de cielo nítidamente azul cobalto, en el que he creído ver el futuro de este tiempo. El presente me ha rodeado con las queridas imágenes de la basura metálica y se ha producido el pequeño prodigio en esta escombrera juntando el tiempo perdido con este que me toca vivir hoy.
Me veo en el espejo retrovisor de un viejo Seat, en el laberinto de esta ciudad buena productora de basura, en busca de un minotauro a quien extirpar el carburador. Nada mejor que un desguace para reconstruir el presente con los mecanismos de antaño y las vísceras, aún calientes, dispuestas al trasplante.
El paseo romántico por este cementerio metálico, lejos de la complacencia morbosa con la que Bécquer o Leonardo Alenza recorrían los camposantos madrileños, produce una exaltación barroca que superpone y entremezcla neumáticos, amortiguadores y personajes alegóricos de bulto redondo. Aquí conviven los amasijos automovilísticos con el concepto manierista de la multifacialidad. Todos los elementos claves del Barroco están en este desguace: misticismo, heroismo, erotismo, ascetismo y crueldad.
Es fácil distinguirlos entre los tubos de escape ensortijados y los asientos abatibles sobre los que descansa el cuerpo deliciosamente convulso de alguna figura yacente de Bernini en el supremo instante de entregar el alma.
Puede uno encontrar los restos de una carrocería de Bertone, envolviendo un solio magistral de algún imaginero del Siglo de Oro coronado por la estrella de tres puntas de Nuestra Señora de los Mercedes.
El desguace es en sí mismo un espacio arquitectónico típicamente barroco, no tanto por la acumulación de elementos diversos como por la complejidad inasible del conjunto. Es el ejemplo viviente de esa "enigmática espacialidad" que se deriva de la imposible medición de sus partes. Cada elemento de esta escombrera se articula de forma armoniosa con su adjunto: el depósito de combustible ensartado sobre el eje múltiple del camión, las ocho ruedas panza arriba coronadas por un cárter gigantesco, una torre de llantas superpuestas rematada por la cúpula de una cabina oxidada.
Queda confirmando el enunciado fundamental del Barroco que consagra la importancia del conjunto sobre cada una de las partes. Un cementerio viviente y polifacético para pasear por este tiempo.
Total, que llega uno al desguace de San Fernando de Henares dispuesto a buscar el repuesto de un motor para el limpiaparabrisas y se encuentra de narices con todo el Siglo de Oro acumulado en el arrabal de la ciudad. En un abrir y cerrar de ojos vemos que, vanidad de vanidades, todo es vanidad. Al fondo, tras los cristales tintados de un BMW muerto, una vanitas de Valdés Leal repleta de oscuros esqueletos, cadáveres automóviles, que nos recuerdan que polvo somos y en polvo nos convertiremos, con o sin cinturón de seguridad. Lo mejor que hay para esa odiosa melancolía que nos incordia cada verano, ya digo, un buen desguace.
Publicado en EL PAÍS.17/08/1995
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Retratos de familia

Basta de hablar de lo que me es odioso. Acrílica sobre tabla.80 x 122 cms.1997
En una casa desconocida en la región francesa del Tarn se prepara un banquete al que yo contribuyo con una ensalada de raíz de apio,tan apreciada por la gastronomía popular del vecino país.Pero preparar esta ensalada atenta contra los Principios Fundamentales del Estado Gastronómico con lo cual hay que hacerlo a escondidas y tomando toda clase de precauciones para no ser arrestado.
Un grupo de personas, entre las que están A y B, esperan en la habitación superior de la casa el comienzo del banquete. Todas son mujeres y una de ellas aparece desnuda sin que pueda explicarse el motivo.En esto aparece Antonio Murcia Rebagliato que carga una maleta de madera con una pegatina de Orihuela.
Sorprendido por su presencia le pregunto:¿Qué tal, Antonio? y él me contesta solemne:
En la vega que fertiliza el río Segura, una legua al este de la ciudad de Orihuela,se elevó un día la antigua población de Bagastro.
Esto me tranquiliza y sigo preparando ensalada de raíz de apio.
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