sábado, 30 de mayo de 2026

Vogel Selbsterkenntnis


Estaba yo un día por la mañana en el Museo de Artes Populares del Tirol, en la ciudad de Innsbruck y me encuentro con esta imagen, creo que pintada sobre tabla, que me llenó de perplejidad y entusiasmo, así, mezclados en semejante proporción.
El título de esta maravilla presurrealista viene a ser algo así como El pájaro del autoconocimiento y si no, que me lo traduzcan mejor mis amigas Marisa o Rocío que saben alemán.
Yo no sé si el inefable Dalí o el terrible Topor conocieron esta pieza,es posible que sí y que se lo callaran para no descubrir el origen de muchas de sus geniales ideas. Esta pintura alegórica y "conceptual avant la lettre" es sólo comparable con las fantásticas ensoñaciones de El Bosco, y merecería figurar en el Tríptico de las Delicias (Madrid, Museo Nacional de El Prado).
No concibo mejor expresión plástica para la idea de autoconocimiento, que ya proponían los griegos inscribiéndola en el Templo de Delfos con el mandato: Conócete a tí mismo.
Si el irónico Sócrates, a quien el oráculo défico proclamó el más sabio de los hombres, hubiese sabido o querido pintar o dibujar, es casi seguro que habría ilustrado sus discusiones con una imagen semejante a ésta.
Cómo no pensar en la necesidad de reírse de uno mismo contemplando este pájaro mordisqueando la nasal de su propio hombre-tripa que soporta la agresión con tranquilo estoicismo. Para Sócrates lo esencial era la dialéctica encaminada a descubrir la verdad y este pájaro, a falta de alguien mejor en su solitario paisaje, se contradice a sí mismo, a golpe de pico, para representar tan imprescindible proceso de autoconocimiento.
Se ruegan reflexiones inteligentes acerca de esta excepcional escena.