lunes, 20 de febrero de 2012

TEMPUS FUGIT





Presenté esta colección de dibujos y collages por primera vez en Innsbruck, invitado por la Asociación de Artistas del Tirol, en el verano de 1998.
Al volverlos a sacar de las estanterías del estudio para mostrarlos en Madrid y en el Vestíbulo de Cineteca en Matadero, he comprobado varias cosas con cierta sorpresa.
En primer lugar lo adecuado y perdurable de su título en el tiempo, pues han pasado catorce años y un siglo desde su viaje a Austria y los personajes y situaciones que muestran los dibujos, siguen tan vivos como entonces. Es verdad que al afirmar lo anterior me mueve una muy subjetiva emoción de autor con lo que será su exhibición al público madrileño, en este espléndido espacio de Matadero, lo que otorge fe de vida a estas mas bien sombrías reuniones de personajes.
El procedimiento de las técnicas de reserva, que dota a los trabajos de un carácter de “falso grabado”,  mantiene todas las características gráficas necesarias para crear el ambiente de cierto misterio que rodea a estas escenas y quiero pensar que se han acentuado con los años.
Como la memoria nos traiciona con cierta frecuencia, había olvidado también que esta exposición se abría con una colección de retratos, agrupados en un políptico, que titulé “Gángsters y Falleras”. Las historias de estos dos peculiares colectivos las he reunido en un libro ilustrado de reciente publicación cuyos relatos mantienen un carácter del todo similar al de las escenas de “Tempus Fugit”. Uno no sabe nunca por qué caminos ha de llevarle la necesidad narrativa con palabras o con imágenes.
He querido completar la colección de dibujos y collages con dos pinturas que pertenecen en realidad a otra serie titulada “Retratos de familia” expuesta en Madrid en 1997, es decir, otra vez ”hace un siglo”.
Mi deseo es que ninguna de estas tres series hayan sufrido los estragos del tiempo que, como siempre, es fugaz.




martes, 7 de febrero de 2012

Realidad, veracidad y manipulación



Que la irrupción de la fotografía en el arte y la práctica, sea o no artística, de la reproducción de  imágenes supuso un punto de inflexión en la duplicación de la realidad es un hecho, por histórico, sobradamente conocido. La imagen en movimiento, proyectada sobre una pantalla, añadió un capítulo, no cerrado todavía, en esta recreación del mundo de manera que el cine no ha cesado de buscar y encontrar caminos nuevos de expresión revestido ya de su condición de séptimo arte.
La fotografía tal y como se conoció hasta la aparición y utilización de las señales digitales, pasó por ser un trasunto de la realidad cuya representación fidedigna asumió en exclusiva.
Pero este reflejo en papel de la realidad la traicionó en muchas ocasiones y la manipulación de las imágenes fotográficas se puso al servicio, casi desde el principio, de los más variados intereses comerciales, publicitarios, políticos o propagandísticos.
No me estoy refiriendo al fotomontaje, práctica artística utilizada como arma por autores  como el alemán John Heartfield que, tras la subida de Hitler al poder, desarrolló una denuncia política con este recurso artístico ( o antiartístico, según se consideren las convicciones dadaístas de Heartfield). Me refiero a la manipulación y utilización fraudulenta de los originales fotográficos con fines espurios y en los que, por adición o supresión de imágenes, se falsea la realidad. Numerosos casos de retoque fotográfico han pasado a figurar como ejemplos clásicos de trucos mejor o peor intencionados. Stalin manda retocar la foto en la que antes aparecía Trotsky, caído en desgracia, con el ominoso fin de reescribir la historia; aseguran que la fotografía en la que Lee Harvey Oswald se exhibe con un rifle ha sido trucada sustituyendo la cabeza del personaje original por la del considerado asesino de Kennedy. Esta práctica que fue habitual en la desaparecida Unión Soviética no es desde luego exclusiva de este período y se remonta hasta los orígenes de la fotografía.


 La "desaparición" de Trotsky


Artistas conceptuales como el fotógrafo norteamericano Duane Michals declaraban, el los años setenta del pasado siglo, que la fotografía, en ocasiones, miente, de manera que no era lícito considerarla siempre como un testigo fiable de la realidad sino como un procedimiento artístico. De esta manera se enlazaba con la famosa sentencia atribuida a Picasso acerca de que le arte es una mentira que nos acerca a la verdad lo cual parece otorgar patente de corso al arte para mentir tanto como sea necesario con el fin de alcanzar la verdad. El fin: el arte, justifica los medios: la mentira. Y la fotografía hace mucho tiempo que se considera un arte.
Soy escéptico ante este tipo de ocurrencias  que a fuerza de ser citadas, repetidas y reescritas adquieren rango enciclopédico almacenándose en los más variados compendios de frases célebres hasta quedar vacías de contenido.
Por un lado está, sigue estando, la verdad y por otro lado la mentira, lo difícil es tratar de establecer los límites de cada una y su territorio propio. En todo caso me estoy refiriendo a lo que se entiende por  artes plásticas y concretamente la pintura, el dibujo, la gráfica.
Si aceptamos que la fotografía ha quedado despojada de su condición de testigo documental de la realidad pasando a ser un procedimiento  artístico más, podemos convenir que ha quedado equiparada a la pintura, el dibujo, el grabado, el collage o a cualquier otro modo de representación y que tiene parejas oportunidades de mentir o de acercarse a una parte de la verdad.


Richard Estes.  Calle de París


























¿Qué diferencia existe, entonces, entre un paisaje urbano pintado, por ejemplo, por el hiperrealista  norteamericano Richard Estes y la fotografía en la que se basa?. Últimamente el enfático y devaluado término hiperrealista se sustituye por el de fotorealista y de hecho, en ocasiones  ambas imágenes se exhiben juntas, la fotográfica y la pictórica. ¿Cuál de las dos miente? ¿Cuál de las dos es un  reflejo de la realidad? ¿Qué aspecto, esencia o cualidad de la realidad captura el ojo humano que no capte el objetivo de la cámara fotográfica?
¿Qué placer, qué emoción, qué verdad encontraban los viejos pintores plenairistas plantando su caballete frente a un paisaje iluminado por el ardiente sol del mediodía que no encuentren los fotógrafos de naturaleza en busca de tal o cual amanecer en la sabana africana?
Parece que es en el periodismo fotográfico donde la fotografía alcanza las mayores cotas de realidad y testigos de dicha realidad como Robert Capa en la Guerra Civil Española o Dorothea Lange con las terribles escenas de la gran depresión americana de 1929, dotan a la fotografía de un poder de convicción y realismo indiscutibles.


 Dorothea Lange. Los refugiados por la sequía de Oklahoma acampando junto a la carretera.


Robert Capa. Hemingway en el frente de Aragón con soldados republicanos 







Sin embargo se pueden encontrar las mismas cualidades  y el mismo carácter de reportaje en las acuarelas y dibujos realizados por el pintor norteamericano Andrew Wyeth en la granja del matrimonio Kuerner (hoy Lugar Histórico Nacional en EE.UU.) , reportaje realizado al grafito, a la acuarela y al temple por este cronista de la América rural. La colección se reunió en un volumen publicado en 1976 por su esposa Betsy James Wyeth. La misma verdad, parejo realismo se encuentra en ambos reportajes y ambos procedimientos.
Wyeth, Lange y  Capa, tres grandes artistas, reflejan en su trabajo la realidad con distintos procedimientos igualmente estéticos y éticos, igualmente verdaderos y documentales.





 Andrew Wyeth. De la colección "Wyeth at Kuerners"






















Andrew Wyeth. Karl y Anna Kuerner. 




Andew Wyeth, De la colección Wyeth at Kuerners


Andrew Wyeth.  Manta militar


La emoción , la capacidad descriptiva, la narración dramática de hechos, retratos, paisajes y situaciones
tiene en estos tres casos semejante carga de realidad y de verdad.
Ambos procedimientos son también capaces de albergar, en  la materialización de sus imágenes, el truco, la apariencia, la levedad sin que tal aparición invalide su contenido. Es este contenido el que establece un diálogo con el espectador sin que sea absolutamente necesario comprender cabalmente todas las claves de un lenguaje cuyo conocimiento no resulta imprescindible para la comunicación interpersonal pues ésta se establece en ocasiones a través de la intuición alojada en las afueras de la razón.


Pero los procesos de digitalización  han venido a cambiar y simplificar peligrosamente las cosas y Photoshop ha "democratizado" la manipulación de imágenes  casi nunca en beneficio de la verdad y de la realidad. Casi siempre al servicio de una caprichosa banalización de la imagen cuando no al de un fácil y estandarizado "tratamiento"de la misma. La imagen fotográfica publicitaria, de la moda, comercial o pretendidamente artística adquiere, con este tratamiento digital, un alarmante nivel de impostura al que lamentablemente nos vamos acostumbrando sepultados bajo ese alud de estampas consuetudinarias de inmediata caducidad.


 La pintura, el dibujo sean o no "realistas" son , junto con la fotografía,  testimonio, transcripción e interpretación de esa cosa tan inaprensible que es la realidad. En el momento en que la fotografía renuncia a su condición de intérprete principal de esa realidad, a la  evidente veracidad de sus representaciones,  conviene recuperar el valor de la duda, el temblor inevitable  que caracteriza la búsqueda de la sinceridad a través del procedimiento manual que suele implicar un deseo de encontrar  esa parte de la verdad a la que es posible tener acceso.





































miércoles, 1 de febrero de 2012

Cumplir lo que se promete







La publicidad nos ha engatusado demasiadas veces con soflamas engañosamente seductoras. Como mucha otra gente yo desconfío, en general, de la publicidad. Siempre recuerdo aquel viejo eslógan de La Codorniz , (la revista más audaz para el lector más inteligente): Donde no hay publicidad, resplandece la verdad.
Sin embargo, el otro día, un sedicente colaborador de una empresa dedicada a la impresión digital publicó un comentario en la entrada "Cosas/Things" de este mismo blog, prometiendo el regalo de la impresión gratuita de mi libro a cambio de un comentario positivo acerca de los servicios de dicha empresa.
El procedimiento no es usual, o al menos a mí me parece inhabitual con lo que, pese a la inicial recelo, el ofrecimiento despertó  mi curiosidad.
Entré en la web de Printcolor  http://www.printcolorweb.com  que así se llama la mencionada empresa, y me di un paseo informativo por sus secciones con lo cual obtuve una primera idea  de esta imprenta digital y sus diversos productos. Tras intercambiar correos con el espontáneo comentarista, que responde al nombre de Carles Valls, llamé al teléfono que aparece en la página y fui atendido por Laura, que me confirmó la veracidad del ofrecimiento de Valls.
Siempre atendido por la dulce voz de Laura,  seguí los pasos habituales para subir el PDF de mi último libro "Gángsters & Falleras" al servidor de Printcolor (que aguanta hasta 200Mb) y volví a hablar con Laura para confirmar el éxito de mi envío.
Menos de una semana después he recibido el libro en casa. Estupendamente impreso, buen papel, con el gramaje y la calidad ofrecidos tanto en la portada como en el interior y, efectivamente, de forma gratuita.
Como soy de muy buen natural, he vuelto a llamar a Printcolor, he hablado con Laura(ya por vicio) y la he dicho que qué bien y qué todo.


Lo que estoy haciendo es cumplir mi parte del trato escribiendo acerca del buen funcionamiento de esta imprenta digital radicada en la Carretera de Mollet a Sabadell, Km.4,3, en El Polígono Industrial Can Vinyals, Nave 18 y en Santa Perpetua de Mogoda. En Barcelona, claro.
De momento y con respecto a esta empresa a todas luces catalana:
  Donde hay publicidad resplandece la verdad