sábado, 28 de enero de 2012

Años de oscuridad. Recordando a Thomas Bernhard

B
Thomas Bernhard


Hay años en los que uno no está para nada. No se interesa uno por casi nada y, de la misma manera, casi todo produce hartazgo y desengaño, sensaciones o emociones  éstas que se originan siempre tras un largo período de ávido interés por las cosas mientras se permanecía ignorante del engaño y las tinieblas en los  que realmente se vivía.
En las actuales circunstancias el inmenso flujo de información al que estamos sometidos actúa como un  potente anestésico el sueño de cuya razón vuelve a producir monstruos. Los monstruos de la recesión, el paro y la desesperanza en los que vive la gente en una sociedad que antes se consideraba feliz y privilegiada de vivir en ese inconsistente primer mundo.
No hay salida y todo va a peor cada día que amanece.

Pero en estas terribles circunstancias suelo refugiarme en los libros y la devota asiduidad con la que leo libros en busca de alguna complicidad que acompañe, o acaso atempere, mi hartazgo  de casi todo aquello en lo que había creído, me vuelve a llevar al lugar de la estantería donde descansan esos Maestros Antiguos del austríaco Thomas Bernhard.
Releo lo que me desconcertó hace más de veinte años, en aquellos años más claros en los que era yo, sin embargo, desconocedor de mi ignorancia.

Reger, crítico musical y social, trasunto de Bernhard, acude casi a diario a la Sala Bordone del Kunsthistorische Museum y sentado frente a "El hombre de la barba blanca" de Tintoretto, se enfrenta a los Maestros Antiguos y a casi todo el mundo que le rodea al que disecciona con una obsesión repetitiva que no deja títere con cabeza. Desde Durero hasta Rembrandt y Giorgione. Desde Velázquez a Lorenzo Lotto.
Un narrador-testigo se distancia en sus observaciones del personaje de Reger, trasunto de Bernhard para introducir otro punto de vista en el relato: (...) Al fin y al cabo  todos esos pintores no eran más que artistas del Estado completamente hipócritas, que atendieron el deseo de agradar de sus clientes, ni siquiera Rembrandt es una excepción, dice Reger,. Mire a Velázquez, nada más que arte de Estado, a Lotto a Giorgione, siempre sólo arte de Estado, lo mismo que que ese horrible protonazi y prenazi de Durero, que colocó a la Naturaleza sobre el lienzo y la asesinó(...) ese artista cincelador de Nuremberg (...) Los llamados Maestros Antiguos solo sirvieron siempre al Estado o a la Iglesia, lo que viene a ser lo mismo, así Reger una y otra vez, a un emperador o a un papa, a un duque o a un arzobispo. Así como el llamado hombre libre es una utopía, el llamado artista libre ha sido siempre una utopía, una locura, así Reger a menudo. Los artistas, los llamados grandes artistas, así Reger, pienso, son además los más faltos de escrúpulos de los hombres, mucho más faltos de escrúpulos aún que los políticos. Los artistas son los más hipócritas, todavía mucho más hipócritas que los políticos, así pues, los artistas del arte son todavía mucho más hipócritas que que los artistas del Estado, vuelvo a oír ahora a Reger. Ese arte, al fin y al cabo,se dirige siempre al todopoderoso y al poderoso y se aparta del mundo, así Reger a menudo, esa es su abyección. Miserable es ese arte y nada más(...)

Desde Goethe hasta Beethoven, desde Bach hasta Heidegger pasando por los guías de los museos y  desde las catedrales hasta los cantantes de lieder : (...) Entonces Beethoven me resulta insoportable (...) oigo su fracaso, veo su cabeza de marcha militar  (...) como al fin  y al cabo me resulta también insoportable ver a uno de esos cantantes con barriga o sin ella, destrozar el Viaje de invierno, sabe usted, porque un cantante de lieder, con frac y apoyado en un piano, cantando La corneja, me resulta siempre insoportable y ridículo, es de antemano una caricatura, no hay nada más ridículo (...) Los guías de los museos no son otra cosa que vanidosas máquinas de parlotear, que ellos mismos conectan mientras guían a un grupo a través del museo, esas máquinas parloteantes dicen siempre lo mismo, año tras año.(...)

  Y esto solo se refiere a los llamados Maestros Antiguos y a quienes los muestran en los museos o los admiran : (..)Va uno a la iglesia y la gente admira, va a un museo y la gente admira. Va a un concierto  y la gente admira, resulta repelente. La verdadera inteligencia no conoce la admiración, toma nota, respeta, estima eso es todo. La gente va a todas las iglesias y a todos los museos como con una mochila llena de admiración y por eso tiene siempre esos andares repulsivamente encorvados que realmente tienen todos en las iglesias y en los museos, dijo.


Y la prensa:
(...) Los periódicos ponen al descubierto y acusan y exageran naturalmente, pero lo anulan también todo enseguida de forma oportunista y de forma oportunista olvidan. Los periódicos son los que destapan y acosan y al mismo tiempo los que disimulan y encubren y sofocan en lo que a los crímenes y atrocidades políticas se refiere, así Reger.

El Vaticano, el papa y San Pedro de Roma:
La mayoría de los seres humanos, sin embargo, son incapaces de caricaturizar, lo contemplan todo hasta el final con terrible seriedad, dijo, y no se les ocurre la idea de hacer una caricatura, dijo. Van a una audiencia papal, dijo, y se toman en serio al papa y la audiencia, y de hecho durante toda su vida; ridículo, la historia de los papas no está más que llena de caricaturas, dijo. Naturalmente que San Pedro es grande, dijo, pero sin embargo ridículo. Entre en San Pedro y libérese por completo de los cientos y miles y millones de mentiras de la historia católica, no tendrá que esperar mucho y San Pedro entero le resultará ridículo. Vaya usted a una audiencia privada y espera la papa, y ya antes de que entre le parecerá ridículo y la verdad es que es realmente ridículo cuando entra con su túnica de seda pura de un blanco cursi.(...) Sabe usted, el papa católico está sentado como un muñeco trotamundos maquillado y astuto, bajo su campana de cristal a prueba de balas, rodeado de sus muñecos superiores e inferiores maquillados y astutos, qué repulsivamente ridículo(...)

Acerca de los austriacos:
(...) Al fin y al cabo el austriaco es francamente el encubridor de crímenes nato, dijo Reger, el austriaco encubre cualquier crimen, aunque sea el más innoble porque es al fin y al cabo, como queda dicho, la mosquita muerta oportunista nata. Durante decenios comenten nuestros ministros horrorosos crímenes y son encubiertos por esas mosquitas muertas oportunistas. Durante decenios engañan esos ministros criminalmente y son encubiertos por esas mosquitas muertas. Durante decenios mienten y engañan esos ministros austriacos y sin embargo son encubiertos por esas mosquitas muertas. Es ya un milagro que, de vez en cuando, se mande al diablo a alguno de esos ministros criminales y estafadores, dijo Reger, porque se le reprochan graves crímenes cometidos durante decenios, pero ya una semana después todo el asunto se ha olvidado, porque las mosquitas muertas han olvidado ese asunto. El que roba veinte chelines es perseguido y encarcelado por la justicia, el que estafa millones y millares de millones en su puesto de ministro es expulsado, en el mejor de los casos, con una pensión gigantesca y olvidado enseguida, así Reger. (...) Mientras que ese ministro hubiera debido ser acusado ante los tribunales y encarcelado, como corresponde a sus crímenes, puedo decir, durante toda su vida, disfruta de una pingüe pensión en su villa de Kahlenberg y nadie piensa ya en impedírselo. Lleva lo que se llama una vida disipada de ministro jubilado y cuando un día muera tendrá aún un entierro oficial y un mausoleo en el cementerio central, así Reger, junto a sus colegas ministros fallecidos antes que él, que fueron tan criminales como él.(...)

Y cómo no, la Justicia: 
(...) La justicia en Austria es hoy una justicia política, no independiente. La justicia austriaca de hoy se ha convertido realmente en una justicia política que es un peligro público, así Reger, sé lo que me digo, dijo. La justicia hace hoy causa común con la política, dijo Reger, solo tiene uno que ocuparse más de cerca de esa justicia católico-nacionalsocialista y estudiarla con la cabeza clara, así Reger.(...)

¿Qué hubiera escrito Bernhard, a través del inefable y atrabiliario Reger, acerca de "lo de  aquí" y "lo de ahora"?
¿Por qué la justicia española, a través del Tribunal Supremo se empeña en desacreditarse, en envilecerse a sí misma? Probablemente el atrabiliario Reger no se hubiera expresado con interrogantes, hubiera expresado la anterior pregunta de manera afirmativa, con esos obsesivos ritornellos que vuelven una y otra vez sobre la misma idea, tal y como escribía Bernhard.
Pero bueno, esto es tan solo una especulación. ¿No?

Como para confiar en la Justicia, en el Arte, como para creer en según qué profesionales de la política, de la Iglesia, como para mantener esperanzas acerca de la democracia...
Al cabo de más de veinte años de su muerte la lectura de Thomas Bernhard sigue siendo un revulsivo necesario en estos años de oscuridad.
Durante años yo también he intentado siempre escucharlo y leerlo y mirarlo todo totalmente y en fin, al final y ahora, me ha horrorizado todo. Por que hay años oscuros como estos en los que uno no está para nada. Puede que ni siquiera para releer a Thomas Bernhard. Pero lo he releído y, no sé por qué, pero me siento mejor. Puede que hasta menos hipócrita.




6 comentarios:

Peperice dijo...

Creo que se resume todo en esta magnífica frase: "Va uno a la iglesia y la gente admira, va a un museo y la gente admira. Va a un concierto y la gente admira, resulta repelente. La verdadera inteligencia no conoce la admiración, toma nota, respeta, estima eso es todo. La gente va a todas las iglesias y a todos los museos como con una mochila llena de admiración" ...
Totalmente de acuerdo. Un abrazo, Quique

Enrius dijo...

Qué bien Peperice, comprobar que te paseas de vez en cuando por esta habitación. Agradezco el comentario y la estupenda frase que te llama la atención.Leyendo al inefable Bernhard se desahoga uno muchísimo . Un abrazo.

Gastón Segura dijo...

Hola, Enrique, verás, Bernhard me entristece tanto como toda la narrativa austriaca posterior a la expulsión y exterminio de los judíos del Imperio. Empezó el tonillo ofuscado con Walser y siguen ahí, haciendo una escritura obsesiva, aplomada, agónica. Y si son ciertas tantas cosas que denuncia, pero a veces su falta de indulgencia, me agota. Hace años, en cambio, era su ferviente denfensor, e incluso, cuando daba clases abris la clase anunciando su muerte y rogando encarezadamente que lo leyesen a mis alumnos.

Octavio Colis dijo...

... Esa cara me recuerda a otra que he olvidado de quién era. La calva parece postiza, cosa de maquillajes y caracterizaciones, Thomas Bernhard parece un actor joven interpretando a T B viejo. Tiene la mirada deslumbrada por un relfejo, crispa las pupilas como Leopoldo María Panero y lleva la camisa con la elegancia con la que la hubiera llevado su hermano Michi Panero. Quizá está paseando por un jardín enorme lleno de cedros del Líbano, huele a hierba recién cortada, y se dirige hacia una vieja locomotora a vapor, llena de cobres y maderas preciosas, que luce en una plazoleta del jardín, sobre un pedestal, desde finales del XIX. La máquina, junto a dos millas de raíles viejos, fue regalo de Bismark a su bisabuelo.

Enrius dijo...

Estimado Gastón.
Lamento la tristeza que te produce Bernhard, no obstante, si recomendabas su lectura a tus alumnos, sigue haciéndolo. Harás un favor a tu audiencia sean o no alumnos.
No son tiempos de indulgencia con la mierda que nos rodea.
Gracias por comentar.

Enrius dijo...

Querido hermano Colis
Buena y rápida respuesta, tan literariamente imaginativa como de costumbre, tan descriptiva, tan sugerente...
Comprendiendo que la nueva configuración del blog eliminaba muchas cosas, entre ellas algunos comentarios de amigos habituales , comprobarás que he vuelto a la antigua.
Seguro que Bernhard y su ectoplasma están paseando ahora por ese jardín aromático, asi Reger imaginando.
Gracias por comentar