miércoles, 2 de noviembre de 2011

Rafael Cavestany, compositor.







A la edad de diez años, más o menos, empecé a escuchar música. He escuchado desde entonces casi de todo. Desde la infantil fascinación por Tchaikovsky, pasando por las arquitecturas sonoras de Bach y Haendel, hasta Paquita la del Barrio  ( ¡Me estás oyendo, inútil! ).
Quede consignado de esta manera que soy un ecléctico de nación.
Sucede que la primera vez que uno escucha las Variaciones Goldberg  siente la imperiosa necesidad de volverlas a escuchar una y otra vez. Obsesivamente. Y quedan ya impresas en los entresijos del cerebro para siempre. Antes de los dieciocho de mi edad, sin embargo, una momentánea obstrucción auditiva, de pronóstico menos grave, me impidió la atenta escucha de los Módulos de Luis de Pablo suprimiendo esa misma e imperiosa necesidad con lo cual mis entresijos cerebrales quedaron huérfanos de atonalismo. Es esta pues, una antigua carencia mía no por accidental y patológica menos lamentable.


A todas estas, Rafael Cavestany reaparece en mi vida transformado en un compositor posmoderno de vanguardia lo que me produce un pánico inicial solo superado por mi mencionado eclecticismo.
Ni corto ni perezoso este compositor, familiar tan cercano , me entrega la partitura de su primer Concierto uno para piano. Esta entrega la hace a grandes voces ( es muy expresivo) y en el recinto de la pequeña galería de arte donde estoy, a la sazón, exponiendo mis dibujos y grabados. Movido sin duda por un genético atavismo familiar acudo entonces a mi amigo Javier López de Guereña solicitándole que, a cambio de un aguafuerte firmado y numerado, transcriba una parte de la música contenida en la mencionada partitura .
Semanas después y en mi estudio, le hago escuchar a Rafael Cavestany los compases iniciales de su Concierto uno para piano,  transcrito a golpe de sintetizador. Quedamos los dos presa de un emoción incontenible (ambos somos muy expresivos).
Al poco tiempo asistimos Begoña y yo al estreno de dicho concierto en Ibiza (hoy Eivissa), interpretado por  el pianista granadino Sebastián Mariné. Tras esta  primera audición, los entresijos de mi cerebro empiezan a experimentar el deseo de una segunda audición, de manera que el atonalismo va haciendo mella en aquellas neuronas mías tan huérfanas y la indispensable serotonina posmoderna va lubricando debidamente sus conexiones.
Ya solo me queda cerrar los ojos, emocionarme y pensar en Stravinsky cuyo cigarrillo, ardiendo en el extremo de una larga boquilla, diluye sus humos azules entre los enérgicos compases iniciales del Concierto uno para piano de Rafael Cavestany.


Desde aquellos no tan lejanos años Rafael Cavestany viene  desarrollando una exitosa carrera de compositor posmoderno de vanguardia  desde la isla de Ibiza (hoy Eivissa) donde reside y trabaja.


El pasado domingo dia 30 de octubre, en Madrid y en los nuevos Teatros del Canal, Rafael Cavestany estrena siete pequeñas piezas que titula Trío en cuestión. Se trata de siete composiciones con los que este autor se obstina en representar sus relaciones personales con algunas amistades y familiares.
Deseo expresar que compartimos el compositor y yo mismo una gran afición a los conflictos familiares en los cuales nos hemos ejercitado durante toda nuestra vida consciente.
Acudo al concierto ofrecido por el Cuarteto Areteia con la esperanza de que mis entresijos auditivos estén en disposición favorable a la atonalidad, sea o no posmoderna.
Me siento en una butaca lateral.
¿Cómo superar la necesidad de la melodía?, ¿con la razón?, ¿con el sentimiento?. Una es fría e implacable el otro veleidoso e inconstante.
En los inicios del Trío en cuestión, los dedos de la pianista Elena Aguado, a quien está dedicado, se deslizan vertiginosos sobre el teclado evidenciando la obstinación de este triálogo al que se refiere Rafael Cavestany para prefigurar musicalmente el desarrollo de sus personales conflictos familiares.
El final vuelve a conducir al principio cerrando el círculo de lo imposible.

En cualquier caso, y a petición de mis huérfanas, he vuelto a escuchar este trío, este triálogo, en el sitio web del compositor. Invito a visitarlo y a escucharlo, está muy bien. http://www.rafaelcavestany.com/index_es.html


Tan sugerentes son los títulos de las siete piezas de este Trío que he decidido unirlos a siete de algunas de mis últimas pinturas de pequeño formato. Sin la previa autorización del compositor, siguiendo los salvajes usos de la Red.


Creo que están acordes en tamaño e intensidad.
Y de esta manera sigo trialogando con Rafael Cavestany.




                      

                                                   ¿Y si trialogamos?




                               ¿Porqué tanto empeño?




                                  ¿Qué se siente?




                                    ¿Sigues buscándole?




                                      ¿Y tú quién eres?




                           ¿Pero tú, por qué vas ahí?


            
                            Te perdono, ¿me perdonas?                 

9 comentarios:

Gastón Segura dijo...

Hala, Enrique, has cambiado el papel de la habitación. La verdad, chico, se está más más cómodo y confortable.
Por, cierto, escucharé a Rafael de inmediato

Rosina Cavestany dijo...

En esta época tan llena de enfermedades graves y de crisis de todo orden, fue refrescante leer tu post de hoy y ver tus dibujos. Trataré de escuchar a Rafael en breve, aunque no soy nada de peleas familiares. Un abrazo, Rosi

Enrius dijo...

Dicen (las sagradas escrituras), querido Gastón,"en tiempos de tribulación no hacer mudanza". Conociendo como conoces mi afición a lo sagrado,y visto que, al menos a tí de momento, te satisface tal mudanza,doy por buenas las obras en la Habitación pese al consejo bíblico.
Sí, eso, escucha la música de Rafael y ya cambiaremos impresiones acerca de la atonalidad posmoderna.

Enrius dijo...

Siempre atentos tus comentarios, Rosina.
No es necesaria la afición a los disensos familiares para escuchar la nada fácil música de tu "primo político".
Pero hay que hacerlo con la menor cantidad posible de prejuicios.
Abrazos madrileños.

Octavio Colis dijo...

También yo escucharé a Rafael. Muy interresantes las pinturas, llenas de fuerza y arquitectura. Está bien que tengamos la ilusión de que nos renovamos, como las hayas y los robles del bosque. ¿Qué sabe la flora de las estaciones?

Enrius dijo...

Bien está que lo escuches, Octavio. Pero te advierto que no es fácil. A mí, que ya he confesado mi orfandad atonal, me ha supuesto una "reforma", una "regeneración" cerebral en exceso anclada en los "Maestros Antiguos".
Rafa es valiente, tiene algo de rebelde con causa y trabaja con entusiasmo fabricando la música en la que cree. Se lamenta , en los últimos correos que hemos intercambiado, de que la música que almacena en su web no alcanza la calidad sonora que él exige. Pero es cierto que hay que escucharla, como casi todas, en vivo.
Yo lo hice el domingo y eso ayuda a desterrar los tópicos almacenados sobre esta clase de música.
Conviene recordar, por ejemplo, que la música de Beethoven supuso una alternativa y un cambio radical en la sonoridad de su época.
Pasa siempre. Con todo.

Anónimo dijo...

asistí al mismo concierto que nuestro autor artista, y veo que brotan ideas parecidas de la audición...no podrían plasmarse mejor los sonidos de este triálogo agitado, resolutivo, ayudante y sí, atonal pero comprensible y palpable, sobre soporte pictórico.
un placer.
Tania.

Enrius dijo...

Agradezco su amable comentario, anónima Tania, y celebro que la transcripción pictórica, siempre tan subjetiva, del Triálogo de Rafael, haya constituído un placer para usted. Y con más motivo, si escuchó el recital.

Rafael Cavestany dijo...

A mi querida y desconocida prima Rosina (quizá sobrina o tía, o quizá bisnieta o abuela) le diré que no hay nada de peleas familiares, solamente arreglos familiares. Nos conoceremos pues algún día y lo discutiremos, que no lo pelearemos.